No me pasa nada
Tenías la figura triste,
los labios blandos,
la mirada lacia.
Entonces pregunté
“¿Qué te pasa?”.
“¡Ah, no!”, dijiste,
“no me pasa nada”.
Lánguidamente te levantaste,
suspiraste con desgana
y entornaste una despedida
vacía de palabras.
“No te preocupes.
No me pasa nada”.
Y debía ser cierto,
porque hay días enteros,
horas malditas,
instantes eternos,
noches de invierno
y vidas perdidas,
en las que nunca
pasa nada.
Pero aquel día tú me dejaste,
como si no pasara nada,
la tristeza de tu figura,
la blandura de tus labios,
lo marchito de tu mirada,
la desgana de tu suspiro,
el hueco de tus palabras.
Y es que al fin me he dado cuenta,
mientras aparto las horas lánguidas
de una en una,
que no me pasa nada
y que esta nada que tanto me pesa
y que tanto me pasa,
antes fue la nada tuya.



Fernando dijo
Muy buen dia
15 Abril 2009 | 08:01 AM