Por debajo de la mesa
Puede ocurrir
que, una tarde cualquiera,
en algún lugar impropio
para cuestiones de tal naturaleza,
la vida te sorprenda,
como siempre,
como a todos,
mientras sientes cómo resbala,
tenuemente,
su mano por tu pierna.
Entonces te concentras
en no moverte,
en respirar suavemente,
en vivir a cámara lenta.
Como si no quisieras
que un mal latido,
que una sístole demasiado fuerte,
asuste a ese roce de la suerte
y lo haga huir a la carrera.
Y notas cómo,
apenas en un segundo,
el mundo entero vibra, aletea
y se posa dulcemente en tu muslo.
Es una calidez que se transmite
como un temblor infinito,
en una profunda descarga,
con un estático escalofrío
que sube por la espalda
y detiene los pensamientos
y congela las palabras.
También puede ocurrir
que, una tarde cualquiera,
en algún lugar impropio
para la primavera,
la vida te sorprenda,
como siempre,
como a todos,
y que ella retire su mano
lentamente.
Y que, aún así,
vuelvas a casa con la sonrisa puesta,
como un estúpido, como un tonto
que se acaba de dar cuenta
que, la ternura que vino de ti,
esperaba correspondencia
en el mismo lugar impropio,
por debajo de la misma mesa.





Raúlo dijo
benditos los lugares impropios querido Paco! y las sorpresas (las buenas) y los estados de asombro y la ternura y la sonrisa y el estimulo cálido de saber, que uno esta vivo, acariciando un sueño, bebiendose la vida en ese lugar que nos toco en suerte. ..
Un abrazo a la distancia , pero arriba de la mesa y como siemore, brillant!!. Raulo
28 Marzo 2009 | 02:32 AM