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La Coctelera

Instanteca

Colección de instantes de la vida misma, que traigo desde mi memoría muy fresquitos, recién vividos, con la esperanza de poder alargar su duración o diluir sus efectos.

9 Marzo 2009

A medias

Estoy dándole vueltas a la cabeza, pensando en el efecto de las palabras a medias. En las frases que se empiezan y no se acaban. En... Un momento, teléfono.

Ya está. Una tontería, que me ha tocado “mágicamente” un pasaje para un crucero. A ver, ¿por dónde iba?... Andaba pensando en los círculos que no se cierran, en las semirrectas, en los impulsos que nos lanzan pero no nos orientan. Y estaba intentado calibrar si tienen efectos que... ¡Vaya, la puerta!. Ahora vuelvo.

Venga, no era nada, que si conocía el coche que le tapaba la cochera a un vecino. Pero ya se lo han quitado... El caso es que estaba antes enfrascado en los mensajes que no se concretan, en esas llamadas de inteligencia —no sé si me explico— que lanzamos a la conversación para saber si alguien ha encontrado el hilo.

Como decía, estoy dándole vueltas a la cabeza, pensando en el efecto de las palabras a medias. Y me repito porque tengo un amigo en el otro lado de la ventana que necesita instalar un programa y estoy intentando explicarle cómo, pero es que me tiene frito y no damos con la tecla.

Total, que yo estaba concentrado en saber de los principios con final implícito, de los pensamientos incompletos que... El relojito de la cocina me ha dado un aviso para que apague la hornilla, pero a ver si termino este párrafo de una vez.

Cortaré por lo sano, así no hay manera, y dejaré sin acabar este pensamiento incompleto sobre las palabras a medias. Y por si no lo consigo acabar, me sería de una ayuda inmensa que, además de todo lo que ya haces por mí, también estas historias que no termino de escribir, me hicieras el favor de entenderlas enteras.

* * * * *

Subo para terminar, pero, de verdad que subo sin gana. Se ha acabado el agua, se han pegado las verduras, se me ha quemado la olla y el humo de la cocina no es que salte a la vista, sino que la penetra.

Lo peor es que me han regañado las cacerolas, porque ya me tienen avisado de que los desastres son más completos cuanto más a medias se dejan las cosas. Y que al que no tiene cabeza, no hay que hacerle caso. Es mejor darle un estropajo y que se aparte de las teclas.

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1 comentario · Escribe aquí tu comentario

Fernando

Fernando dijo

Ten muy buen lunes

9 Marzo 2009 | 10:29 AM

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Sobre mí

Padezco un grave desorden mental degenerativo cuya sintomatología consiste en pasar mucho rato navegando en internet, diseñando páginas web para nadie, recorriendo desconsolado los arrabales del irc o skypeando a deshoras. En fases agudas, escucho canciones de Serrat o investigo trucos matemágicos. Lo más grave es que, en ocasiones, veo vivos.

Así que decidí convertir este lugar en un remanso desesperado destinado a conseguir empatía y simpatía. Un intento biográfico de superar la desoladora sensación de ser único y esperar sin miedo el profundo consuelo de no serlo.

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