Concierto
La noche se puso íntima
y empezó a mover las caderas.
En tus ojos brillaba in crescendo
la música de las estrellas.
El arpa escondida en tu manos frías
atacó un movimiento andante
sembrando sobre mi pecho corcheas,
llenándome la vida del mismo aire
que se fugaba con ellas.
Los besos de redonda
consiguieron un silencio expectante
que recorrió toda la escala
de arriba abajo, de atrás adelante
y del nunca al siempre.
Tu voz sonó a clarinete
cuando me pediste ayuda
para ejecutar a cuatro manos
un aria tímida y desnuda
en el piano de los cuerpos.
Pero no hubo suficientes dedos
cuando, los armónicos del adagio,
camuflados en un pizzicato
casi perfecto,
se convirtieron en minué
ovalado y allegro.
Con cierto desdén
arrugamos los pies de la partitura
hecha de sábana y piel.
El pentagrama, después,
se durmió escrito en clave de luna
sobre este papel.





Fernando dijo
Preciosos arpegios
Buen sabado
28 Febrero 2009 | 10:54 AM