Digo lo contrario
Digo lo contrario
porque pienso mientras escribo,
porque me aprietan las palabras
como las paredes de un laberinto
y tengo que abrir en ellas
la esperanza de un pasadizo.
Digo lo contrario
porque nunca acierto
a decir lo mismo,
porque cambio de opinión
sin esfuerzo, sin motivo,
sin necesidad y sin deseo
de cambiar de renglón.
Digo lo contrario
para moverme de sitio,
para no estar de acuerdo a medias
en no conseguir lo que no consigo,
para no justificar lo que hago
y que nadie me haga caso
cuando lo digo.
Digo lo contrario
sabiendo que aparco
en doble fila,
queriendo ocupar de lado a lado
las dos orillas
sin quedarme mucho rato
en ninguna esquina
ni en el mismo espacio.
Digo lo contrario
cuando me muestro indeciso,
cuando pasas por mi lado
y simulo que no te miro
o cuando me busco perdido
en el infinito de tus ojos.
Pero, cuando más lo necesito,
cuando estoy más convencido
de que digo lo contrario,
es, precisamente y sobre todo,
cuando no lo digo.
Aunque, también me gusta
contestarle lo contrario
a quien no pregunta.





Fernando dijo
Es bonita la rebeldia
Buena noche
19 Febrero 2009 | 12:09 AM