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La Coctelera

Instanteca

Colección de instantes de la vida misma, que traigo desde mi memoría muy fresquitos, recién vividos, con la esperanza de poder alargar su duración o diluir sus efectos.

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19 Enero 2009

Ni de perros, ni de hombres, ni de abandonos

La perrita se llamaba… Bueno, no me acuerdo. Es lo que tiene eso de que la televisión encendida haga de decorado, que el oído se habitúa al runrún de los anuncios y se nubla la memoria con los nombres ajenos.

El caso es que Lulú, convengamos en citarla así mismo, se portaba muy mal con sus dueños. Ladraba, mordía, arañaba las puertas… y había aprendido a abrir la nevera y a saquearla.

Ellos cuentan angustiados a la cámara todos sus problemas y su necesidad de hacer algo al respecto. La voz en off, imprescindible heredera del narrador de los cuentos de toda la vida, añade el dato escalofriante de que, Lulú, ya ha sido abandonada dos veces por dueños anteriores y que todo parece indicar que actúa así porque teme un nuevo abandono.

Y sin más introducción, lanza la pregunta que se me queda en los oídos clavada: “¿Le causará ese comportamiento descontrolado un nuevo abandono?”.

No voy a hablar de perros, ni de hombres. Ni siquiera tengo pensado hablar de abandonos. Sólo pretendo dejar constancia de lo triste, de lo devastador que es el argumento que subyace en ese titular, cuidadosamente preparado para tocar la fibra sensible que hace que suba la audiencia.

Sería terrible, grotesco casi, que, aquello que hacemos para alejar las pesadillas, fuese, precisamente, lo que las alimenta. Que intentar evitar la soledad, la tristeza o la depresión, las atrajese con más fuerza.

Sería un verdadero horror que la llave que abre la puerta de todos los males fuese, precisamente, querer evitarlos. O que fuesemos motor y causa de nuestros sufrimientos.

Me quedé intrigado, deseando ver el desenlace de la historia, temiendo lo peor. Y tras el consabido y necesario paréntesis publicitario, unas cuantas indicaciones del instructor condujeron a un final sonriente y esperanzador, casi feliz.

Sí, es cierto. A veces generamos nuestras propias tinieblas. Pero la luz que crea las sombras, es también capaz de ahuyentarlas. Sería conveniente que alguien nos explicara cómo.

servido por instanteca 4 comentarios compártelo

4 comentarios · Escribe aquí tu comentario

flor_deloto

flor_deloto dijo

No busques explicaciones, Paco, cuando llegue la luz aprovéchala y cuando se vaya, búscala.
[ tic, mua, tac ]

19 Enero 2009 | 06:26 AM

melovoypensando

melovoypensando dijo

no hay nada que de mas miedo que
no conseguir lo que honestamente se desea, ...
ni nada que te haga sentir mas vivo que arriesgase a intentarlo,
son los instantes que cuentan ...

19 Enero 2009 | 10:35 AM

coincidentia oppositorum

coincidentia oppositorum dijo

luces y sombras se acompañan y complementan,
son aspectos de una misma experiencia,
la coincidencia de los opuestos
que conforman al ser

20 Enero 2009 | 08:12 AM

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Sobre mí

Padezco un grave desorden mental degenerativo cuya sintomatología consiste en pasar mucho rato navegando en internet, diseñando páginas web para nadie, recorriendo desconsolado los arrabales del irc o skypeando a deshoras. En fases agudas, escucho canciones de Serrat o investigo trucos matemágicos. Lo más grave es que, en ocasiones, veo vivos.

Así que decidí convertir este lugar en un remanso desesperado destinado a conseguir empatía y simpatía. Un intento biográfico de superar la desoladora sensación de ser único y esperar sin miedo el profundo consuelo de no serlo.

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