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La Coctelera

Instanteca

Colección de instantes de la vida misma, que traigo desde mi memoría muy fresquitos, recién vividos, con la esperanza de poder alargar su duración o diluir sus efectos.

15 Octubre 2008

No fue la lluvia la que vino

Por la senda de las luces, por el camino de las rayas blancas guardianas del viaje, la luna llena empezó a ocultarse entre las nubes silenciosas y grises hacia las que me dirigía.

Apenas transcurridas veinte luces, la noche empezó a dejar un mensaje Morse de gotitas en el cristal, alargadas unas por el viento y otras redondas por la gravedad, en el que no supe descifrar todo el silencio pasado que se iba quedando hundido.

No fue la lluvia la que vino, sino que fui yo quien salió a su encuentro, cada vez más monótono, más espeso, atravesando el aguacero que me recibía ladrando paciente y alborotado, como si regresara indemne de un destierro sin final.

La noche se me fue restregando, espachurrándose, haciéndose líquida, deformando el paisaje en una acuarela lívida que derramaba los colores y las formas sobre el paisaje.

El vaho acudió, como una niebla en el espíritu, pintando fantasmas donde antes hubo casas y semáforos, cuando la algarabía de agua sonaba ya con ráfagas de desolación. Ni un sólo ángel apareció en bienvenida cuando el aire agrio acertó a despejar mi mirada, perdida en el interior.

Hubo que volver, desandar el camino con las manos vacías, despedirse de la tormenta envuelta en alfileres de plata que me recibió completamente abierta de ruidos. Mientras, en la huída que llamamos retorno, los charcos, al paso aplastante, chillaban su orgullo herido escupiendo en las aceras.

Poco a poco, de regreso, el ruido de agua se convirtió, primero en rumor; luego en eco entrecortado que hacía chirriar esos dos hilitos negros que siempre bailan en el cristal con un ritmo cansino y cansado de sonámbulos despiertos.

Ya en casa, intentando evaluar los desperfectos, trazando las huellas, nada hubo que delatara lo sucedido, ni siquiera una humedad. Como mucho, algún suspiro apagado que parecía, o bien un pago por el esfuerzo del viaje baldío, o bien un alivio recobrado.

Esta es la historia, simple, sin recovecos, una historia fugaz que no dio tiempo ni para que una manecilla acariciara a la otra con esa indiferencia tan posesiva de quienes se han visto ya tantas veces en el mismo sitio.

En apariencia, todo apunta a que estoy relatando la leyenda de un aguacero que sucede afuera. Y aunque no fue la lluvia la que vino, bien podría haber descrito una tormenta interior. ¡Se parecen tanto las tormentas que suceden en ambos lados del corazón!

servido por instanteca 8 comentarios compártelo

8 comentarios · Escribe aquí tu comentario

flor_deloto

flor_deloto dijo

Me voy rumiando la belleza de tus letras.
Besos y tic-tac's
[ mua]

15 Octubre 2008 | 04:30 AM

lucia3

lucia3 dijo

¿Has vuelto a tener otra noche de insomnio?.Maravillosa noche en blanco, con lluvia o sin ella,que provoca palabras tan bellas, tan poéticas.
Las tormentas internas son peores, no suelen dejar todo tan el calma como cuando ocurren fuera.
Beso y abrazo.

15 Octubre 2008 | 07:51 AM

Fernando

Fernando dijo

Muy bueno..
pero muy bueno
Por ponerle un pero,yo quitaria la palabra final: corazon,(Por manida)
Pero es muy buen relato,muy bueno!

15 Octubre 2008 | 10:06 AM

melovoypensando

melovoypensando dijo

yo... solo puedo enviarte besos...
(y haz el favor de no ser tan osado y refugirte un poco...)

15 Octubre 2008 | 01:16 PM

Tarres/a

Tarres/a dijo

Hay corazones, como pueblos blancos ,donde a fuerza de no ver nunca el mar se olvidan de llorar.

15 Octubre 2008 | 02:31 PM

Carla

Carla dijo

A veces parece que el tiempo nos comprendiera, como si solidarizara con nosotros, y tal vez solo hubo un dia nublado, pero para ti fue aguacero, tal vez quisiste huir y lo que encontraste afuera, no fue lo que esperabas.
Un beso.
Carla.

15 Octubre 2008 | 09:39 PM

enbuscadeltiempoperdido

enbuscadeltiempoperdido dijo

En mi interior no dejo de llover. No cesa. Hay tormentas incluso. Por fuera soy primavera. Nadie pensaría que hay aguaceros en mi alma cuando muestro flores en mi sonrisa.
Precioso relato, me encanta leer en la ventana tras la lluvia y escribir en sus cristales cuando se apaga la tormenta.

15 Octubre 2008 | 11:03 PM

curarme-de-ti

curarme-de-ti dijo

Tampoco es tan mala idea dejarse mojar por esa lluvia interna o externa y desandar el camino... y reencontrarse. 1 Besiño

16 Octubre 2008 | 06:11 PM

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Sobre mí

Padezco un grave desorden mental degenerativo cuya sintomatología consiste en pasar mucho rato navegando en internet, diseñando páginas web para nadie, recorriendo desconsolado los arrabales del irc o skypeando a deshoras. En fases agudas, escucho canciones de Serrat o investigo trucos matemágicos. Lo más grave es que, en ocasiones, veo vivos.

Así que decidí convertir este lugar en un remanso desesperado destinado a conseguir empatía y simpatía. Un intento biográfico de superar la desoladora sensación de ser único y esperar sin miedo el profundo consuelo de no serlo.

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