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La Coctelera

Instanteca

Colección de instantes de la vida misma, que traigo desde mi memoría muy fresquitos, recién vividos, con la esperanza de poder alargar su duración o diluir sus efectos.

9 Octubre 2008

Dorian

Hay veces que me asusta mirarme en el cuadro, en ese que me regalaron los amigos. Ellos decían que salía favorecido, distinto. Con la piel más lisa y el pelo más negro. Con cara tranquila, como de saber bien lo que hago.

Después, pasado el tiempo, el cuadro fue cambiando. Envejecía, se arrugaba, exageraba los gestos y palidecía de miedo a ser descubierto por otros ojos distintos a los míos.

Yo me veía igual, idéntico, siempre con la suerte de cara y con el rostro pausado que se tiene cuando se aparenta no haber roto nunca un plato. Pero ya no miraba el cuadro y sus defectos, que eran los míos sin que yo quisiera saberlo. Lo tenía tapado con un velo translúcido, de esos que no dejan pasar más luz que la que envuelve las sombras.

Prefería mirarme en el espejo de otros ojos más cálidos, menos inquietos. Ojos que me devolvían en la imagen un cierto misticismo intrépido que, reconozco, me sentaba bien y por eso adoraba creérmelo.

Es tan fácil engañarse, verse siempre como uno cree ser, omitir los dobleces y las arrugas y tersar la piel imaginaria que nos cobija. Pensarse desnudo y fuerte, como vestidura resistente a la fragilidad que nos encoge por dentro la vida.

Y es tan sutil el velo, tan etéreo, tan sencillo romperlo, que, queriendo o sin querer, el propio o el de los demás, se rasga con facilidad ante cualquier contratiempo, justo por el sitio exacto que más quisiéramos tapar.

Corro a remendarlo, no es inútil mantenerlo puesto. Para ocultarme de los demás, también, claro, pero, sobre todo, de mí mismo. Para poder inventarme y ser otro que me guste más, aunque no exista.

Hay algo de ese cuadro en todos los cuadros que pinto. Por más que me empeño en mirar lejos, a otro lado, apenas llego más allá de donde alcanzan mis manos. Ahí empiezo el irremisible viaje hacia dentro. Al menos tengo el abrigo de la literatura y nadie nota que me pinto muy mal.

Aunque hay veces que me asusta mirarme en el cuadro, lo que me hace temblar es que tú lo mires. Porque tú me conoces, por lo menos un poquito, y contigo no me puedo engañar.

servido por instanteca 10 comentarios compártelo

10 comentarios · Escribe aquí tu comentario

flor_deloto

flor_deloto dijo

Qué verdad tan grande y con qué belleza la cuentas!
[ tic, tac ] mua.
Dulces sueños, dulces insomnios.

9 Octubre 2008 | 12:43 AM

flor_deloto

flor_deloto dijo

[ aquí no dan reloj de arena? ]
;)

9 Octubre 2008 | 12:43 AM

flor_deloto

flor_deloto dijo

¡Te veo, te veo, riéndote detrás del velo!
¡ pillo !
[ mira que hasta me esmeré en poner el signo que abre la exclamación, para que el comentario quedara bonito, sin ápice de reproche. ]

9 Octubre 2008 | 12:45 AM

instanteca

instanteca dijo

Eeeeeaaaa! Toma relojito, porque me has pillao de buenas.

muuuuaaac.

9 Octubre 2008 | 12:52 AM

locaporlaluna

locaporlaluna dijo

Snif...yo quería un relojito
bueno
y no tengo mucho para comentar hoy, no sé qué me pasaaaaaaa
pero vine, por lo menos...
besossssss

9 Octubre 2008 | 01:09 AM

lucia3

lucia3 dijo

Todos tenemos ese velo que nos cubre y nos protege....o eso creemos.
Es una pena.
Beso y abrazo.

9 Octubre 2008 | 09:23 AM

Fernando

Fernando dijo

Buen dia; retratista

9 Octubre 2008 | 10:07 AM

lo-que-hay

lo-que-hay dijo

Hola
Cuando te conoce alguien como tu sabes, es imposible de engañar.
Saludos

9 Octubre 2008 | 06:17 PM

curarme-de-ti

curarme-de-ti dijo

Será mejor entonces que en lugar de mirarte en el cuadro te mires en esos otros ojos cálidos que tan bien te conocen (y así evitas el velo que se rasga). Nadie querría ser Dorian en un cuadro. 1 Besiño

10 Octubre 2008 | 10:27 AM

Tarres/a

Tarres/a dijo

Uno de mi calle me ha dicho ,que tiene un amigo que dice ,conocer a un tipo, que un dia fue...feliz

10 Octubre 2008 | 10:18 PM

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Sobre mí

Padezco un grave desorden mental degenerativo cuya sintomatología consiste en pasar mucho rato navegando en internet, diseñando páginas web para nadie, recorriendo desconsolado los arrabales del irc o skypeando a deshoras. En fases agudas, escucho canciones de Serrat o investigo trucos matemágicos. Lo más grave es que, en ocasiones, veo vivos.

Así que decidí convertir este lugar en un remanso desesperado destinado a conseguir empatía y simpatía. Un intento biográfico de superar la desoladora sensación de ser único y esperar sin miedo el profundo consuelo de no serlo.

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