Autorretrato (y II)
Es muy corriente, porque soy descolocante, que cuando alguien se me acerca un poquito y empieza a conocerme, piense que vengo de un mundo distante. Pero aún no he conseguido volar en bicicleta ni que se me encienda el dedo, y mira que lo he intentado veces...
No soy fiel, que soy platillo —quizá volante—; ni tampoco infiel, en todo caso, no practicante. Me gusta parecer humilde, pero reconozco que en mí dormita un marisabidillo del todo a cien que sabe hacer de las suyas cuando todos lo miran y nadie lo ve.
Cuando escribo, es superior a mis fuerzas y no puedo evitarlo, siempre intento levantar los pies del suelo para trascender un poquito, para mirar todo y mirarme desde lejos, como si yo fuese un actor que hace de mí mismo.
Pongo el corazón en todas las ventanas, pero eso sí, nunca lo pongo todo sino, más o menos, la parte que tengo desocupada. Pero no cruzo el umbral, porque odio las puertas cerradas que me impiden el paso y no me dejan ver lo que hay detrás. También odio las que están abiertas, porque me invitan a pasar y no es que no tenga voluntad, es que la que tengo es muy caprichosa.
Siempre digo la verdad, mi verdad minúscula, con la rara habilidad inconsciente de que a todos les parezca mentira. Como efecto secundario, nadie me cree y lo más normal es que se rían y me tomen a cachondeo. El caso es que ya me he acostumbrado y también le sonrío a esta certeza de saber que no hay nada más increíble que la verdad.
Así soy yo o, mejor dicho, así me veo. Y así me veo porque es lo que los demás me hacen saber sobre mí. Conocerse es un asunto peliagudo que nadie puede hacer solo, porque la única manera de aprender cosas de uno mismo es mirarse en otros ojos.
Quizá, si me viesen otros, nunca podré saberlo, yo me parecería distinto. Esa es la incurable maldición que me acecha en todos los espejos.
Pintor que me has pintado
en este cuadro vago de la vida,
tan bien, que casi
parezco de verdad; ¡ay, pínta-
me nuevamente, y mal, de modo
que parezca mentira!(Juan Ramón Jiménez, Ceniza de Rosas, 1912)






nipinchonicorto dijo
Pues encantado de conocerte un poquito más. Creo que te lo he dicho muchas veces y aquí lo subrayo, es un lujo y un placer leerte.
Eres como un rincón (y perdona si la comparación te molesta), nocturno siempre, al que venir a acurrucarme y pasar un rato o un ratico, como se dice en mi tierra, perdiéndome por tus palabras. Viendo, a veces sentimientos reflejados y otras, conociendo y maravillándome con los de otro y admirando esos fragmentos de vida congelados en el tiempo.
Hasta pronto.
6 Octubre 2008 | 12:57 AM