Autorretrato (I)
Pierdo los nervios a manojos, pero los encuentro pronto, y soy más vulnerable a la palabra que lo que dejo entrever. Afectuoso, pero distante, me muestro más cercano bajo el influjo de esa clase de ojos que siempre reflejan luna llena aunque sea de día y esté menguante. Entonces me gusta poner el corazón por delante y dejar que me lo trasteen despacito.
Como también me gusta dejarme palpar enterico por quienes insisten haberme visto en un sueño. Entre tanto, no permito acercamientos —y menos aún si son platónicos—, y es por ello que me enroco por el lado de la reina y me encierro en la torre, a salvo de las miradas indiscretas.
Esa es la razón por la que nadie me reconoce, porque no me gusta darme deprisa. Prefiero ser sorpresa que rutina, ser misterio antes que gato encerrado. Me gusta guardar los secretos que me dicen al oído y conversar largo y tendido hablando en clave —preferiblemente de luna en lugar de sol—. Pero no sobre asuntos de amor, que son muy aburridos, sino sobre las pequeñas cosas de la vida que guardamos en el corazón.
Tengo el don del optimismo y la pesada carga de buscar continuamente el equilibrio. Por eso, cuando miro la botella, coincido conmigo mismo en verla media, a secas. Soy sensible, pero no romántico, en todo caso, un sentimental, que le gusta mirar atrás; no para querer volver al principio, sino para regar un poquito la hierba que pisamos al pasar.
Siempre estoy pendiente de todo, soy observador minucioso de cuántos me interesa observar. De los demás, la verdad es que paso un poco y no me suelo fijar. Mi primera impresión de alguien no coincide con la primera vez que lo vi, porque en esa fase tan temprana más bien ignoro lo desconocido. Sino que, de repente, un gesto, una palabra o un mohín, me despiertan los ojos y me doy cuenta de que hay alguien a mi lado que antes no estaba ahí.
Y no espero nada de nadie, para que nadie me haga sufrir. No juzgo, prefiero que, por lo menos, los amigos, no me confundan con un testigo, y omito fijarme en los defectos, para no sentirme mezquino. En los demás sólo veo virtudes, especialmente aquellas que yo no tengo el detalle de practicar...



locaporlaluna dijo
Esa sensibilidad sin el almizcla del romanticismo es tu mejor tónica. Esa poesía que te rige el aliento, diría yo.
Un beso, autorretratado
6 Octubre 2008 | 01:56 AM