Alma de cántaro
Mañana clara de primavera.
—Vengo a devolverte... espera...
Lo tengo aquí, en el bolsillo.
Saco el monedero,
las llaves,
un lápiz pequeñito,
el papel de un caramelo
y un chino
que me encontré en el suelo.
Mediodía por fuera y por dentro.
—Lo tenía aquí mismo.
Espera, espera un momento.
Saco del otro bolsillo
la cartera vacía,
las otras llaves,
el resguardo de la lotería,
el tapón de un bolígrafo,
un papel doblado
con tu teléfono escrito.
La tarde se abre y la mañana se cierra.
—¿Será posible esto?
¿Por qué las cosas se encuentran
siempre en el último sitio?
Rebusco más adentro,
meto las manos
hasta el fondo.
Sale un puñado
de clips rojos,
un beso de servilleta,
un dado trucado
para jugar al parchís...
¿un condón?
Y además caducado...
—¡qué vergüenza!
¿qué habrás pensado
que quería de ti?—
Pero no hay ni rastro
de tu corazón aventurero.
Atardecen sombras en el cielo.
—Pues... yo juraría...
El caso es que no lo encuentro.
Entonces sale la luna llena
en tu sonrisa de medio lado.
—¿Y no será —dices tú—,
alma de cántaro,
que todavía
no te lo he dado?





Fernando dijo
Buena tarde..
18 Marzo 2008 | 06:32 PM