Batería (y II)
Y no sé si para evitar contacto con aquellas manos grasientas, o para no quedar en ridículo ante un experto, o para ponerme a mí como venganza por la poca atención que le tengo, el coche contestó arrancando con un “brrrrmmm” y una nube de humo, mientras yo sentí que todos los cocos que tiré en la playa me iban dando en la cabeza de uno en uno.
—Pues yo no he tocado nada —sonrió el mecánico de oreja a oreja. Y volvió a su gesto circunspecto para decirme con tono casi parental— No se preocupe, estas cosas suelen pasar.
Es curioso cómo desde entonces pienso a menudo en el coche. La inquietud de su extraño comportamiento lo ha trascendido al mundo de lo consciente, ha convertido en real y opaco lo que antes parecía ideal y transparente. Ahora veo el coche con los ojos de otro, como si un terremoto me hubiera movido de sitio todas las cosas que sé.
La duda es una planta que siempre brota vigorosa con una sola vez que se riegue; la siembre quien la siembre, se plante donde se plante. Y se extiende salvajemente por todas partes, en todas direcciones, atrapando en sus espinas incluso a la mano que la sembró.
Tal vez, cien aciertos sean suficientes para entrar en el corazón de los seres queridos. O nueve meses, o un guiño. Pero, a lo que parece, si es verdad que cien te meten, mil te sacan directamente hacia el olvido. Hacia un olvido transparente que mantiene la desconfianza a un solo error de distancia.
A todos nos pasa, lo sabemos perfectamente porque siempre nos deja heridas, que un error pesa (y nos interesa) mucho más que todos los aciertos de una vida.








oliveria 77 dijo
ay Paco!
hace días que me dejás sin palabras y mirá que eso es difícil (yo, el loro).
Errores de los más comunes o de los más insólitos pueden hacer la gran diferencia. Pueden hacernos parecer los seres más minúsculos o los más nocivos.
¿Cómo haces para que un auto te genere semejante pensamiento? ¿tal lucidez?
besitoxxxxxxxxxxxxxx repartidos en aciertos y equivocaciones
24 Febrero 2008 | 12:32 AM