Batería (I)
Llevaba las manecillas del reloj clavadas en un lugar innombrable cuando me entregué a la certidumbre de la mecánica simple. Comprobé las palancas y los pedales, introduje la llave y ésta giró con suavidad, como siempre, como tantas veces, como tantos días de seguridad casi inconsciente.
Esperaba, más que como deseo o como consecuencia, como parte de la propia acción, sentir el traqueteo indeciso de la máquina, ese carraspeo doloroso de tos reseca por carbonilla que inunda de ruido las mañanas cotidianas. No se piensa, es un acto reflejo, una certeza de esas que condicionan la vida y que se dan por supuestas, por sobreentendidas.
Pero no, por única respuesta al giro de muñeca, en lugar de una risotada de gasoil, se oyó el ruido de un coco cayendo en una playa desierta: “cloc”. Probé varias veces la misma acción, cada vez urgido por más prisa, cada vez más incrédulo ante la fatalidad. Debí hacerlo muchas veces, hasta que dejé pelado el cocotero porque, en el último intento, dejó de oirse ningún otro ruido que el tictac del reloj llegando tarde a la hora prevista.
— Eso va a ser la batería —me dijo el mecánico del taller que hay dos calles más abajo—. En media hora subo con una de repuesto y allí mismo hacemos el cambio. Aunque también podría ser el motor de arranque. Bueno, ya veré cuando suba.
Vivir en un sitio pequeño tiene este pequeño inconveniente-ventaja del conocimiento y, media hora después —efectivamente, esta es la parte más increible de la historia— tenía al mecánico con una extravagante pistola llena de grasa en la mano comprobando la carga de la batería en cuestión.
—Pues... Esto está un poco bajo pero... No sé... ¿Cómo dice que suena?... A ver, dele otra vez a la llave que lo escuché yo.



oliveria 77 dijo
esto es el hado?
me voy a ver la segunda parte...
besitoxxxxxxx con arranque y batería
24 Febrero 2008 | 12:27 AM