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La Coctelera

Instanteca

Colección de instantes de la vida misma, que traigo desde mi memoría muy fresquitos, recién vividos, con la esperanza de poder alargar su duración o diluir sus efectos.

16 Febrero 2008

Anomalías de la suerte (y III)

Hasta que, directamente, cuando la suerte quiso entregar una carta de las tantas que repartía, el afortunado la rechazó. La suerte lo intentó varias veces siempre con el mismo resultado. Picada por la curiosidad, adoptó forma de mujer y se infiltró con paciencia en la vida de aquel escritor aficionado, que a eso se dedicaba el susodicho, hasta el punto que se enamoró. No se sabe bien si de él mismo o de sus letras.

El caso es que, una noche, él la invitó a su casa con la timidez de quien nunca espera fortuna. Y ella aceptó pensando en entregar la carta, pero se dejó llevar por las hormonas adquiridas en su cuerpo de mujer.

Nunca entregó la carta, nunca se separó de su disfraz. Aquella noche yacieron y exprimieron la luna hasta el amanecer a fuerza de reventar los sentidos. Cuando un rayo de sol que atravesó un agujero de la persiana los sorprendió abrazados en la cama y despertaron, él, en lugar de buenos días, le confesó en voz alta:
—La suerte quiso entregarme la carta, pero yo la rechazé. Y, sin embargo, al despertar y tenerte todavía en mis brazos, me he sentido el hombre más afortunado del mundo. La suerte sólo es un sentimiento.

Ella no contestó y se quedó pensativa. Se quedó absorta, concentrada, incluso parecía adivinarse que preocupada. Se quedó reflexionando sobre lo ocurrido, sobre lo escuchado y sobre lo vivido. Se quedó indecisa, triste y alegre, real y ficticia, nerviosa y tranquila. Pero se quedó.

Y, al día siguiente, nadie ganó. Bueno, nadie... excepto yo.

* * * * *

Este texto imaginario está basado en un hecho real, cuya lectura recomiendo fervientemente. Se trata de “Las intermitencias de la muerte” de José Saramago, gran escritor portugués ganador del premio Nobel de Literatura en 1998.

Y quiero dedicárselo a la suerte. A la suerte de haberte conocido.

servido por instanteca 7 comentarios compártelo

7 comentarios · Escribe aquí tu comentario

now

now dijo

Mira que pedazo de cuento-poema que te has escrito. Pero has de saber que la suerte hay que ayudarla con la fe.
Abrazo

16 Febrero 2008 | 01:35 AM

instanteca

instanteca dijo

Mmmm... Pensaré en ello, es posible que tengas razón.
Un saludo.

16 Febrero 2008 | 01:45 AM

Fernando

Fernando dijo

Suerte y muy buen dia...Bueno de verdad
(a veces me pide login)

16 Febrero 2008 | 10:45 AM

cavilante

cavilante dijo

Exotérica envoltura verbal para un esotérico argumento.

¿Por qué me gusta leerte?

Cavilo yo.

16 Febrero 2008 | 05:09 PM

calalola

calalola dijo

Hola instanteca, pues sí puede que sólo sea la casualidad, o el azar, como canta Serrat, pues me dí un paseo por tus amigos, y comunes, creo sólo hay uno, pero nunca es tarde si la dicha...

Quedas invitado, por supuesto a pasarte por casa siempre que quieras, parece que al menos coincidimos en algunos gustos musicales, el resto se irá viendo...

Encantada pues de que el azar se instalase en nuestros teclados, te envío un afectuoso saludo.

16 Febrero 2008 | 05:39 PM

locaporlaluna

locaporlaluna dijo

Suerte leerte, la mía. Disfrazado de blog, en verdad es una gran suerte. Me encantó este texto, vaya originalidad la mía...
besos, suertudo

17 Febrero 2008 | 02:09 AM

Carla

Carla dijo

jajaja...lindo final, no lo esperaba...
No voy a desearte suerte, porque ya no la necesitas.
Pero si voy a desearte que el amor les sea eterno, porque para eso solo bastan ustedes dos.

Nos leemos.
Carla.

17 Febrero 2008 | 06:37 AM

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Sobre mí

Padezco un grave desorden mental degenerativo cuya sintomatología consiste en pasar mucho rato navegando en internet, diseñando páginas web para nadie, recorriendo desconsolado los arrabales del irc o skypeando a deshoras. En fases agudas, escucho canciones de Serrat o investigo trucos matemágicos. Lo más grave es que, en ocasiones, veo vivos.

Así que decidí convertir este lugar en un remanso desesperado destinado a conseguir empatía y simpatía. Un intento biográfico de superar la desoladora sensación de ser único y esperar sin miedo el profundo consuelo de no serlo.

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