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La Coctelera

Instanteca

Colección de instantes de la vida misma, que traigo desde mi memoría muy fresquitos, recién vividos, con la esperanza de poder alargar su duración o diluir sus efectos.

15 Febrero 2008

Anomalías de la suerte (I)

Al día siguiente, nadie ganó. Nadie salió airoso de los avatares de la fortuna, nadie escapó del atasco, nadie encontró una herradura y en todas las margaritas siempre salía que no.

La suerte estaba dormida, decidida a tomar un descanso, y durante el siguiente año, nadie se sintió afortunado. La bolsa poco a poco se fue apagando porque nadie quería arriesgarse y, con ella, la economía del país. Nadie ganó la lotería, ni acertó quinielas y los partidos de baloncesto acababan en empate con los jugadores extenuados entre pitos de un público sin emoción.

No se diagnosticaban a tiempo las enfermedades ni los tratamientos acertaban por casualidad. Los humanos se volvieron taciturnos, irascibles, asustados y desapareció por completo, aún más, todo rastro de solidaridad. Hubo revueltas en las calles y aunque no cayeron gobiernos —porque los gobernantes siempre saben flotar como chapapote— hubo cambios desesperados de carteras y muchos nervios en los padres de la nación.

Los adivinos, al principio, aumentaron sus ingresos de forma descomunal pero al cabo de unos meses tuvieron que cerrar el negocio y ponerse a trabajar por falta de clientes. Quebraron una a una las compañías de seguros, los bancos dejaron de hacer hipotecas por miedo a los morosos que cada vez eran más.

Sólo las religiones y los camellos supieron cómo vender salvación a un pueblo que andaba escaso de felicidad. Llegaron a importantes acuerdos con un gobierno desesperado que se resistía a dejar los sillones que tanto gasto de promesas temerarias les había costado usurpar.

Y, como es bien sabido por todos los que no hacen nunca nada al respecto, no importa cuál sea la guerra, que siempre la ganan los mismos. Las mafias hicieron agosto vendiendo todo tipo de artilugios para matar: los que matan de lejos, los que matan de cerca, los que matan poco a poco, los que matan a muchos y, sobre todo, los que nos dejan a todos muertos de miedo.

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2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

locaporlaluna

locaporlaluna dijo

Desolador. Me voy volando a la parte II !!!!! besoooooo

17 Febrero 2008 | 02:06 AM

Carla

Carla dijo

En ninguna guerra hay ganadores;
es como el divorcio
los dos han perdido.
Pero hay que ver que el orgullo nos confunde a todos
y no se pueden desbaratar posturas.
Ya es dificil para la gente natural; imaginemos a los poderosos
si van a dar su brazo a torcer.
Acaso no vemos que el gobierno no puede mostrar debilidad??

Que ironia!!!

Saludos.
Carla.

17 Febrero 2008 | 06:25 AM

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Sobre mí

Padezco un grave desorden mental degenerativo cuya sintomatología consiste en pasar mucho rato navegando en internet, diseñando páginas web para nadie, recorriendo desconsolado los arrabales del irc o skypeando a deshoras. En fases agudas, escucho canciones de Serrat o investigo trucos matemágicos. Lo más grave es que, en ocasiones, veo vivos.

Así que decidí convertir este lugar en un remanso desesperado destinado a conseguir empatía y simpatía. Un intento biográfico de superar la desoladora sensación de ser único y esperar sin miedo el profundo consuelo de no serlo.

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