Nunca me sirvieron las palabras
Nunca me sirvieron las palabras.
Primero me llamaste hombre
incrustándome en el paisaje
de las cosas que pasan de largo.
Yo salí de aquel letargo
dispuesto a seguir en tu viaje.
Luego me llamaste amigo
como quien dispara etiquetas
que se adhieren al sentimiento.
Pero me la supe quitar a tiempo
para pegarla otra vez, derecha.
Ahora me dices cariño
como se consuela a un niño
que acaba de pedir la luna.
Yo no te he pedido ninguna,
sólo quiero arder en tu hechizo.
Cuando quieras susurrarme al oído
y mecerte entre mis manos blancas,
piensa en todo lo que he sido
—ignorado, hombre, niño, amigo—
y en que nunca me sirvieron las palabras.






now dijo
Caramba! si que hay que escoger las palabras con tigo.
ABrazo
28 Enero 2008 | 12:34 AM