Quiso coger el coche (y II)
Emprendió el camino de vuelta con gesto resignado. Le persiguieron más peripecias de la mala suerte: tardó el autobús de vuelta, se confundió de parada y anduvo un trecho de más, a punto estuvo de morderle un perro que sacó la cabeza por la verja de una casa... En fin, una odisea de secano hasta que por fin pudo abrir la puerta de casa y resoplar en el rellano.
Pero incluso allí dentro volvió a parpadear la mala suerte con la lucecita roja del contestador. Al descolgar escuchó una voz de mujer que le decía: “Es la tercera vez que te llamo y no me contestas. Hoy es fiesta y está todo cerrado, seguro que estás en casa. Al menos podías haber dado la cara y responder a mi llamada. No voy a perder más tiempo contigo. Hasta nunca.”
Abatido, resignado, cabizbajo y triste, se asomó al balcón para perder sus pensamientos en el horizonte, para decidir si era el día apropiado para intentar arreglar el malentendido. Saludó con un gesto al vecino del otro lado de la verja que andaba con la familia haciendo preparativos para una fiesta y se sintió abandonado por la suerte y solo.
El vecino, atareado, respondió con la mano mirándolo de reojo, mascullando envidia por todos sus poros: “Guapo, joven, rico, sin hijos y sin suegra. ¡Menudo cabrón! ¡Eso es un tío con suerte!”.
Y yo, como gato encaramado en la verja, que tomando el sol reflexiono sobre mis siete pasos por la tierra, si pudiese hablar, a los dos les diría que toda la vida es azar y que todo el azar es vida, pero la suerte... no.
La suerte no depende de la vida ni del azar. La suerte es un sentimiento pasajero que se nos enreda en el corazón.




Fernando dijo
"la vaca del vecino siempre da mas leche"
Ten buena salida de año¡
30 Diciembre 2007 | 06:35 PM