Ciclos (y II)
Y, al mismo ritmo que desaparecen de nuestra vida, van apareciendo otros, ocupando su tiempo —que no su lugar en el corazón— y rellenando los días. Me doy cuenta que devenimos en una espiral que gira tan deprisa que convierte los finales en principios, las rutinas en levedad, el vértigo de vivir en carrera de obstáculos. Y el amor, que primero fue loco, se acaba enredando en la cordura de los contratos de paridad.
Me agobia la invasión de lo inútil, el apogeo televisivo de los parásitos, el asedio de las marcas registradas, el esfuerzo anodino que nos ocupan los cachivaches absurdos que no sirven para nada. La necesidades innecesarias de nuevo cuño, la urgencia con que nos aprieta lo intrascendente, la proliferación invencible de los hombres grises y la mutación irreversible del gen que nos convierte en “capullos”.
Me estremecen los fanáticos, los agoreros, los hipócritas. Los que siempre tienen preferencia, sea cual sea la vía para tenerla. Los que piensan que empezar una guerra es como ir a la oficina y los que van a la oficina como si empezaran una guerra. Los dictadores disfrazados de corderos y los corderos camuflados como audiencia.
Quizá precisamente por todo eso, me he dado cuenta de que cada vez amo más las cosas pequeñas. En ellas es en donde más cómodo me siento y por eso las busco a mi alrededor, en un gesto amable, en una sonrisa pícara, en una lágrima furtiva que resbala mejillas de dos en dos. Una frase, una poesía, una canción, una buena discusión que acabe con una cerveza, la cara de una nube o una historia que me haga llorar, aunque sea de risa.
Quiero desearme para el futuro tan sólo cosas pequeñas. Que el mundo siga jugando conmigo al ajedrez y que, en alguna partida, de vez en cuando, se deje vencer. Que siga cayendo en todas las trampas que me ponga el azar, sin saltarme ninguna, y que me pueda levantar de todas, a ser posible, con tu ayuda.
Que siga sintiendo cerca las otras vidas que vivo en cuerpos pequeñitos, que pueda mirar atrás a menudo sin querer volver al principio. Que la sombra de otros días no tape el sol de hoy ni la lluvia de mañana. Que nunca se salde mi deuda contigo.
Sólo deseo otro año de cosas pequeñas, que me leas, que me escribas, que me nombres. Y que de todo lo que deseas para mí, este año o algún día, yo pueda devolverte el doble.





oliveria 77 dijo
Es posible que no te lo haya dicho nunca (¿o si?) SOS HERMOSO INSTANTECA...tus palabras, este pensamiento me ha devuelto el sentido de lo lindas que sos estas miniaturas que a veces no vemos. Gracias por recordármelo.
Ojalá que se cumplan esos deseos y que siempre podás expresar tanto amor tan bellamente.
Con cariño...
27 Diciembre 2007 | 12:34 AM