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La Coctelera

Instanteca

Colección de instantes de la vida misma, que traigo desde mi memoría muy fresquitos, recién vividos, con la esperanza de poder alargar su duración o diluir sus efectos.

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10 Diciembre 2007

Móvil

Cuando a media mañana he buscado el móvil para ver la hora —raramente llevo reloj, aunque tengo cuatro o cinco desperdigados por los cajones, porque raramente los miro— me he dado cuenta de que no estaba en la mochila, donde lo suelo poner mientras trabajo.

Después de una búsqueda infructuosa, desandando mis pasos en trayectoria inversa, me ha invadido una sensación angustiosa de desamparo. He repasado todo lo que he hecho esta mañana mirando, con la lupa de un Holmes improvisado, en el resquicio de las rutinas insignificantemente iguales de cada día. Incluso me he parado a pensar en lo levógiro de las puertas y lo dextrógiro de los coches.

Acotando posibilidades, accediendo a un extraño instinto que, no sé bien por qué, es capaz de distinguir la misma acción tantas veces repetida, no he encontrado más respuesta posible que una alternativa: lo he olvidado en casa o lo he perdido para siempre.

No me importa el móvil, lo uso tan poco como el saldo con el que lo alimento, pero me ha dado un vuelco el corazón cuando he reparado en la cantidad de hilos que se pueden haber roto. Los números-apellido que no me sé y los hechizos incompletos de palabras, pero repletos de cariño, que guardaba en su laberinto de circuitos, están entre mis más preciados tesoros.

Es un desastre perder los dígitos en los que mis amigos dejan sus señales de humo. Y poner al descubierto algún secreto que se puede mirar desde su pantalla de plasma o dejar mi identidad vendida en manos de quienes se divierten haciendo llamadas de mal gusto.

Al terminar el trabajo y llegar a casa, lo he encontrado allí, en la repisa de la escalera, mirándome con esa actitud burlona e inocente de “queculpatengoyo” y “amíquemecuentas”. He respirado el mismo suspiro que el de un Teseo de la minúscula al notar en su mano el tacto de un hilo.

Dejamos que la memoria impasible de las máquinas usurpe nuestros rincones más secretos. Abandonamos a la electrónica hasta las tareas que nos hacen ser esencialmente humanos, la memoria, la comunicación, los sentimientos.

Y sin embargo, abducido por la paradoja, aquí sigo, escribiendo sobre teclados en lugar de hacerlo sobre tu piel, leyendo pantallas mucho menos profundas que tus ojos y buscando, en discos duros o en circuitos de bolsillo, las palabras que nunca te escuché decirme al oído.

servido por instanteca 3 comentarios compártelo

3 comentarios · Escribe aquí tu comentario

destino

destino dijo

respiraaaaaaaa!!!jajajá.

antes no necesitabamos una agenda electrónica precisamente porque no había móviles.9 dígitos asociados a una sola persona, ademas de un monton de letras la mayoría de veces sin significado alguno para el correo electronico, pagina web etc etc.
antes solo había unos cuantos fijos, normalmente con el mismo prefijo para la ciudad, un inicio por zona y tres o cuatro numeros más asociados a una familia entera...

es lo bueno y lo malo de las telecomunicaciones...
a mi lo que me resulta un horror es cambiar de movil...
antes guardaba mis tesoros en ellos y por mis cajones andan algunos que encierran recuerdos de los que no puedo deshacerme, como un nokia en el que guardo una de las ultimas conversaciones con mi madre antes de morir............
pero los verdaderos tesoros, no los guardo en ningún aparato electrónico a menos que algún día... ...................me pongan un marcapasos.

un besazo

10 Diciembre 2007 | 09:13 AM

Fernando

Fernando dijo

Yo,hace tiempo que traspaso los numeros a un precioso cuaderno.
Ya tube una experiencia fatal...
Ten buen dia,y cuidado que los carga el diablo ;o)

10 Diciembre 2007 | 09:27 AM

poedia

poedia dijo

Tus últimos párrafos conmueven, hacen suspirar y dejan volar la imaginación bien lejos... Este, por ejemplo, da para un cuentecillo. Tirando del hilo...

Qué razón tienes, perder esos lazos débiles pero fuertes, que dependen de un chip. Cómo hemos mecanizado lo humano, a veces!

Buen lunes, un abrazo.

10 Diciembre 2007 | 01:18 PM

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Sobre mí

Padezco un grave desorden mental degenerativo cuya sintomatología consiste en pasar mucho rato navegando en internet, diseñando páginas web para nadie, recorriendo desconsolado los arrabales del irc o skypeando a deshoras. En fases agudas, escucho canciones de Serrat o investigo trucos matemágicos. Lo más grave es que, en ocasiones, veo vivos.

Así que decidí convertir este lugar en un remanso desesperado destinado a conseguir empatía y simpatía. Un intento biográfico de superar la desoladora sensación de ser único y esperar sin miedo el profundo consuelo de no serlo.

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