Publicidad:
La Coctelera

Instanteca

Colección de instantes de la vida misma, que traigo desde mi memoría muy fresquitos, recién vividos, con la esperanza de poder alargar su duración o diluir sus efectos.

13 Noviembre 2007

Mensajes

Es difícil controlar el impacto que causamos en los demás. Nuestra actitud en lo cotidiano —tal vez, también, en lo que escribimos— produce efectos imprevisibles en aquellos que nos rodean y sus reacciones a nuestros actos, a nuestras palabras, son la parte más enigmática del viaje por el laberinto.

Continuamente me sorprenden las reacciones de las personas que tengo a mi alrededor. La otra noche, de repente en un atasco, un compañero casual de viaje con el que no me unen más que conversaciones banales y cotidianas, se confía, reúne el valor necesario para contarme su vida interior, su historia endulzada por el tamiz de la memoria. Se emociona en mi hombro asombrado y, con voz pretérita de dolor acumulado, musita palabras en mi oído mientras llora.

Otras veces, me llegan noticias de que hay personas que, aunque pasaron por mi vida apenas un instante, llenan sus ojos de ayer, sonríen y amagan un suspiro cuando me recuerdan en voz alta. Me obligo a revisar los lazos que quedaron tendidos, a escarbar las huellas que dejaron mis palabras, y, por más que rebusco en el pasado común, no soy capaz de encontrar nada.

O surte una voz antigua, alegre, evocadora, desde el auricular del teléfono a la que ni siquiera atino a ponerle el nombre correcto. Me hace navegar por entre recuerdos indescifrables, sentirme en inferioridad de sentimientos, como si se me hubiese extraviado alguna de las vidas que me rozaron y no supiera ni cuándo la perdí ni dónde la he puesto.

Entonces tristemente adivino, que yo también debí resbalar, en un descuido, del corazón de aquellos amigos que nunca me devuelven las llamadas. En ese instante me invade una comprensión infinita, una ternura suave y redonda, una inquietud dulce deslizándose hacia las sombras que se proyectan desde el pasado.

Y no dejo de pensar si habrá alguien esperando impaciente, en algún lugar de mi vida, a que sea yo quien le devuelva los mensajes que me lanzó como bienvenida.

servido por instanteca 5 comentarios compártelo

5 comentarios · Escribe aquí tu comentario

flor_deloto

flor_deloto dijo

Y aquí tienes mi mensaje: TiC ** MuA ** TaC
No porque se vea diferente es distinto!

13 Noviembre 2007 | 07:03 PM

destino

destino dijo

claro que si,
siempre hay alguien
a quien no podemos
ver ni oir.

un beso

13 Noviembre 2007 | 08:26 PM

natti

natti dijo

Una misma palabra puede despertar en las personas distintas emociones..¿ será por nuestro estado de ánimo?
SÉ FELIZ

14 Noviembre 2007 | 06:08 PM

poedia

poedia dijo

Resbalar de corazones ajenos... Cuánta tristeza hay ahí, es cierto. Cuántos mensajes se pierden, aun habiendo llegado, por ese resbalón. Estas líneas le pueden poner a uno nostálgico si no recuerda que otras veces los mensajes se quedan bien pegados allá dentro, y te transforman la vida. Ojalá haya siempre alguien que suspire por nosotros. Ojalá.

18 Noviembre 2007 | 08:51 PM

Escribe tu comentario


Sobre mí

Padezco un grave desorden mental degenerativo cuya sintomatología consiste en pasar mucho rato navegando en internet, diseñando páginas web para nadie, recorriendo desconsolado los arrabales del irc o skypeando a deshoras. En fases agudas, escucho canciones de Serrat o investigo trucos matemágicos. Lo más grave es que, en ocasiones, veo vivos.

Así que decidí convertir este lugar en un remanso desesperado destinado a conseguir empatía y simpatía. Un intento biográfico de superar la desoladora sensación de ser único y esperar sin miedo el profundo consuelo de no serlo.

Licencia

IBSN: Internet Blog Serial Number 31-07-2007-65 Creative Commons License

Contador

visitor stats

Fotos

instanteca todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera