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La Coctelera

Instanteca

Colección de instantes de la vida misma, que traigo desde mi memoría muy fresquitos, recién vividos, con la esperanza de poder alargar su duración o diluir sus efectos.

13 Julio 2007

Playa

Pasan cansinos los días de verano entre el vaivén de las olas y el ritmo de la brisa. La vida parece tomarse un respiro de la agitación frenética a que nos tiene acostumbrados. Tal vez, un resoplido, que intenta en vano ahuyentar el calor sofocante de los mediodías y el bochorno agazapado por las noches dentro de las casas.

El mar es, al mismo tiempo, el centro y el paisaje de un devenir indeciso que pasa despacio, como no sabiendo si irse o si quedarse, bailando al son de vientos juguetones, pero siempre con su misma estampa, en su misma parsimonia.

Está frío en este rincón el Mediterráneo y me recuerda al entrar en su seno que no soy criatura de agua, sino de fuego. Más tarde, a fuerza de insistencia, las olas me abren un hueco y parecen aceptarme. Pero siempre seré un invitado molesto y al menor descuido la lengua del mar me empuja con saltitos que me acercan a la orilla, como esperando que desista de mi intento.

Me siento en la playa, derrotado, y el mar lame tranquilo mis heridas más profundas con besos monótonos de sal y espuma. Me quedo embriagado con su aroma a viaje lejano, con su incansable meneo, con el caos de remolino que juega a filtrarse en la arena despeinando la tierra para, en el instante siguiente, volver a alisarle el pelo.

Abre la boca la ola que gruñe, arrasando las pisadas que dejaron los pies errantes sobre el terno mojado de la blandura. Y cuando se retira el tirabuzón de espuma, llega el silencio concreto tras el estallido momentáneo, la calma después del torbellino, el orden camuflando el caos que lleva dentro. Se borra la pizarra fugaz del pasado y ya no importa quién pisó la playa, ni cuando, ni por qué; porque en el mar del tiempo, todos los rastros duran un soplo, dos latidos, tres parpadeos.

La memoria salada del mar lo olvida todo, lo borra todo, lo tapa todo. Se traga los gritos de los náufragos, las risas de los niños y las huellas del tiempo. Ahoga el llanto de los que una vez anduvieron por el otro lado y que, ahora, pasan a mi alrededor agarrados a sus salvavidas de tierra, que tienen la forma de una mercadería de enseres inútiles.

Pero no es melancolía ni tristeza, sino retorno, lo que rezuma el mar por todos sus poros. Nos llevamos su arena en las sandalias, sus caracolas en el oído, sus conchas en los collares y su sal en la piel de los niños. Mas nada le preocupa, porque sabe que un día todo lo que se le arrebató alguna vez, en alguna vida, le será devuelto junto con el secreto de los ciclos que regresan a su punto de partida.

En mitad de mis pensamientos, parapetado en el bullicio del chiringuito, suena el dichoso —y bendito— móvil, para recordarme que no es triste que se desvanezcan las estelas que dejamos. Que lo que importa es el dibujo que trazamos con ellas y con quién las navegamos.

Tags: playa, estela, espuma, sal

servido por instanteca 8 comentarios compártelo

8 comentarios · Escribe aquí tu comentario

locaporlaluna

locaporlaluna dijo

Cierto, poeta, el mar quita y devuelve, al igual que el Tiempo, todo lo que creemos que nos pertenece.
Un beso con añoranza al calor mediterráneo que seguramente viví en otro vestido.

13 Julio 2007 | 03:14 AM

flor_deloto

flor_deloto dijo

Ahora que se sube el telón de la noche es como cuando se baja el telón del mar. El silencio me acompaña y el trajín del día parece haber quedado olvidado. Suenan parejas las teclas, mis yemas conectadas con un hilo de palabras que salen intermitentes al bies de una línea vertical que parpadea cuando me sumerjo en el pensamiento y brota un instante de esos que dura medio renglón. Recuerdo dos pares de pies que suelen caminar por la arena, oir el canto de las gaviotas, sentir el sol en la espalda cuando se camina rumbo sur, y la brisa en la cara cuando en ese viceversa la brújula muestra norte. La estela de espuma es intrincada como un encaje de Bruselas , pero - si acaso cabe la certeza en este recordar nocturno - se enreda en los pasos de esos cuatro pies y siempre deja huella.
Gracias, tus palabras fueron un puente que me conectaron inesperadamente con una lección: "Caminante no hay camino, se hace camino al andar".
Dulces sueños, dulces insomnios.

13 Julio 2007 | 05:32 AM

Fernando

Fernando dijo

pasa buen dia..
Apaga el movil en la playa... :-)P

13 Julio 2007 | 07:34 AM

instanteca

instanteca dijo

Fernando: No te lo vas a creer, pero en la playa es donde más útil me ha sido nunca el móvil. Aquí, tierra adentro, es donde no lo necesito. Qué madrugador, ¿no?

flor_deloto: Y cuando la estela se dibuja con ocho pies, deja un garabato muy complicado, pero precioso.

locaporlaluna: Ese es el secreto, la llamada irrenunciable que devuelve los ciclos a su punto de partida. En el mar, en el tiempo, en la tierra, en el aire y en el corazón.

Besos.

13 Julio 2007 | 12:10 PM

Fernando

Fernando dijo

Vivo alrreves del mundo...
:-)
gracias por tu comentario

13 Julio 2007 | 12:39 PM

destino

destino dijo

yo escribi de lo que se llevaba el mar, y lo que algun dia devolverá,
y tu nos cuentas lo que le quitamos a él...y lo que le tendremos que devolver.
:)

una cosa si es cierta y en el mar con su sabor a ternidad nos recuerda que nada es tan importante, que nada permanecerá en el tiempo...
quizá sea por eso que nos da tranquilidad y nos relaja.

(esta imaginación mia.......ya te estoy viendo, con tus gafas y tu toalla ;). con el mar, con su color y con su olor, y adormecido en su sonido...bohemio perdido, en los laberintos de ti mismo..............hasta que suena el movil, y te dicen tú, chulo playa, tira pal chiringuito!!!!:))))))))))))))), plof, se acabó el sueño y la inspiración!!!jaja)

besos

13 Julio 2007 | 01:03 PM

instanteca

instanteca dijo

destino: Pues casi casi aciertas. Pero sin gafas ni toalla y el móvil me sonó en el chiringuito para decirme tú, chulo chiringuito, baja ya el codo y tira pa la playa. Jejeje, si es que la cabra siempre tira pal monte. Un besicoo.

Fernando: Al que madruga, Dios le ayuda. Pero al que trasnocha, le ayuda mucho más.

13 Julio 2007 | 01:20 PM

destino

destino dijo

jajaa,
cada uno mira el mar desde donde mejor lo ve!!!!...................;)

13 Julio 2007 | 02:57 PM

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Sobre mí

Padezco un grave desorden mental degenerativo cuya sintomatología consiste en pasar mucho rato navegando en internet, diseñando páginas web para nadie, recorriendo desconsolado los arrabales del irc o skypeando a deshoras. En fases agudas, escucho canciones de Serrat o investigo trucos matemágicos. Lo más grave es que, en ocasiones, veo vivos.

Así que decidí convertir este lugar en un remanso desesperado destinado a conseguir empatía y simpatía. Un intento biográfico de superar la desoladora sensación de ser único y esperar sin miedo el profundo consuelo de no serlo.

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