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La Coctelera

Instanteca

Colección de instantes de la vida misma, que traigo desde mi memoría muy fresquitos, recién vividos, con la esperanza de poder alargar su duración o diluir sus efectos.

18 Junio 2007

Gatos

Maullando soledades, avanza con cautela el gato sobre la verja del patio que da a la calle. Lo mueve el instinto, un perfume escondido que nadie más puede apreciar, y lo atrae hasta las baldosas que, ignorantes del futuro, están vacías, de momento.

Más tarde, pero no mucho más, otro felino, de porte claro y mirada aguda, emerge de las sombras que la luna precipita sobre la enredadera de flores amarillas que nunca recuerdo cómo se llama. Animal sigiloso, sin embargo, se une, con el otro gato, al concierto de llantos de niño que surte la noche de magia y estridencia.

De debajo de la mesa verde —debía estar desde el principio, pero yo no la había visto, camuflada entre las patas— sale estirazándose una gata pequeña y rayada de pelo oscuro y orejas graciosas. Se contonea un trecho por el patio, moviendo el cuerpo con la elegancia de la certeza de saber que hay cuatro ojos que no la pierden de vista ni un instante.

Se reúnen, agazapados los tres, como dirimiendo una compleja partida de póker que requiere esconder bien las cartas, equilibrar los nervios y estudiar las opciones. No tengo ángulo para ver bien lo que pasa desde la ventana y estoy cansado de estar de pie. Así que, aún a riesgo de estropear el cortejo, me bajo al patio con disimulo y me siento en el penúltimo peldaño de la escalera.

No se han dado cuenta de mi presencia porque el fragor de la batalla ha comenzado. Gemidos embutidos en risas feroces enturbian la noche mientras los relámpagos de las garras hacen amago de movimientos casi imperceptibles para mis ojos, aún ya habituados a la poca luz.

Unos revolcones después, y sin más desperfecto aparente que la humillación de la derrota, el gato más claro huye del patio por la escalera y me tengo que apartar de su camino para no quemarme con las chispas de furia que relucen en sus ojos verticales.

La gatita se resiste y juguetea, atiende e ignora los esfuerzos del ganador, hasta que éste consigue ganar su espalda y sujetarla por el cuello con los dientes. Entonces, bueno, ya se sabe, la naturaleza actúa con energía y se apagan pronto todos los ruidos de los vaivenes. Decido terminar mi desvelo y subo a la casa, no sin antes reconocer en el camino de vuelta, los ojos del perdedor apostados aún en la verja.

La noche siguiente —¡qué corto es el amor y qué largo el insomnio!—, empieza del mismo modo pero no termina de la misma manera. Dura el concierto de los gatos la noche entera —al menos hasta que me acosté— sin que la gata aparezca. Se pasa el tiempo muy despacio y me quedo un poco decepcionado, con la mente trabajando en el asunto. Tanto, que aún me pregunto si es que los gatos no saben de despedidas.

Así son las hormonas y así es la vida. ¡Tanto esfuerzo! ¡Tanta energía! Millones de años de evolución —y cinco de Biología—, para descubrir, en un rato, la verdad del aquí te pillo y aquí te mato.

Y aquí estoy —y aquí estamos—, como el gato, maullando soledad. Aunque, si nos paramos a pensar, quizá no sea para tanto.

EL GATO QUE ESTÁ TRISTE Y AZUL

(Roberto Carlos, del disco San Remo 68, 1976)

Tags: gato, soledad

servido por instanteca 11 comentarios compártelo

11 comentarios · Escribe aquí tu comentario

Anamen

Anamen dijo

Hoy soy la primera y este post es perfecto, ya puedes decir misa, me ha encantado incluso la canción

Un beso enorme querido, y gracias por ser un regalo

18 Junio 2007 | 12:09 AM

flor_deloto

flor_deloto dijo

Jajaja, Lord Instante. Dos voyeristas, el gato perdedor .... y tú!
;)

18 Junio 2007 | 02:05 AM

locaporlaluna

locaporlaluna dijo

Sólo un poeta puede testimoniar sobre los amoríos nocturnos de los felinos
y sólo un felino podría testimoniar sobre si maullamos soledad o no...
cavilaciones de insomne, Señor Instanteca

18 Junio 2007 | 04:04 AM

now

now dijo

Ahhhh, mujers como gatas: nos ronronean, se frotan contra nosotros, nos claban sus uñas pero no nos dejan ser sus dueños. Cuando quieren se van sin despedirse y siguen como si nada mientras nosotros maullamos en la noche solitos muy solitos.

Abrazo

18 Junio 2007 | 04:35 AM

destino

destino dijo

gurgurgurgurgur gurrrrr

18 Junio 2007 | 11:06 PM

instanteca

instanteca dijo

destino: ¿Gata o paloma? Jejejejeje. Tradúcemelo niña, que soy muuu torpe cuando quiero.

now: Las cosas son tal y como las cuentas. ¡Y más cosas que no cuentas pero que seguro que sabes!

locaporlaluna: Pues como no soy ni poeta ni felino, seguiré cavilando insomnios. Algo habra que hacer pa no aburrirse mientras.

flor_deloto: Mirón, como el tío del discóbolo, que ni siquiera se decide a tirar el disco y esconder la mano. Aunque, te cuento, que varias noches después, el mirón y el ganador intercambiaron papeles. Nunca se sabe que papel te va a tocar cuando sube el telón de la noche.

Anamen: Siempre serás un primor, por temprano que te levantes.

Besos y miaus.

18 Junio 2007 | 11:56 PM

Carla

Carla dijo

Y siempre habran hombres mentirosos.
Pero el verdadero amor sí es eterno.

Y me encanta esa canción...
...Saludos Carla.

23 Junio 2007 | 12:36 AM

instanteca

instanteca dijo

Yo, sin embargo, creo que el amor puede ser verdadero y no ser eterno. Es más, quizá incluso pueda ser eterno y no ser verdadero. Como también podría ocurrir que no fuese ni eterno ni verdadero. ¡Hasta puede que ni siquiera fuese amor!
Bienvenida, gracias por tu comentario.

23 Junio 2007 | 12:53 AM

flor_deloto

flor_deloto dijo

De 'pe a pa' me he leido tu cadena de instantes. He sacado un momento, que se transformó en un largo rato, para poder disfrutar de tu magnífica pluma. No encuentro el adjetivo que más me acomoda; si alguien me preguntara como es lo que escribes, no sabría que contestarle a un lector desprevenido. Solo se que a mi, y a mis ojos, nos encanta pasear por acá. Sé que estás a la vuelta de la esquina, en ese cruce de calles donde a veces no hacen falta las palabras. No sé como son tus ojos, pero me encuentro en este mismo instante con tu mirada.

23 Junio 2007 | 02:13 AM

poedia

poedia dijo

Los gatos no se casan con nadie, nunca. Ni con siluetas gatunas femeninas recortadas sobre una valla en una noche estrellada ni con una raspa de pescado o un ratón entregado puntualmente a la hora de comer. A veces se nos pega ese desapego, y yo, sentado en mi hamaca observando a mis gatos, a veces -digo- lamento no ser así de decidido y seguir enredado en mis lamentos o maullidos.
Sencillamente magistral, leñe.

26 Junio 2007 | 11:55 PM

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Sobre mí

Padezco un grave desorden mental degenerativo cuya sintomatología consiste en pasar mucho rato navegando en internet, diseñando páginas web para nadie, recorriendo desconsolado los arrabales del irc o skypeando a deshoras. En fases agudas, escucho canciones de Serrat o investigo trucos matemágicos. Lo más grave es que, en ocasiones, veo vivos.

Así que decidí convertir este lugar en un remanso desesperado destinado a conseguir empatía y simpatía. Un intento biográfico de superar la desoladora sensación de ser único y esperar sin miedo el profundo consuelo de no serlo.

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