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La Coctelera

Instanteca

Colección de instantes de la vida misma, que traigo desde mi memoría muy fresquitos, recién vividos, con la esperanza de poder alargar su duración o diluir sus efectos.

6 Junio 2007

Trastero

Nubes blancuzcas, hiladas en finas hebras, entrecruzaban la tarde sobre las agujas del reloj, tejiendo una sombra tibia de melancolía que apaciguaba el calor de mayo. Llegaban con la brisa de paso alegre y entretenían al sol en tanto le tocaba volver a su guarida enterrada. Me fijé con esmero en el paisaje altísimo sobre mi cabeza. Para acabar pensando que, cuando se está en el fondo del abismo, sólo se puede escapar hacia el horizonte curvo de la certeza.

Me cegó el resplandor de una oscuridad mortecina, como bienvenida solemne, cuando crucé el umbral de la estancia. Quietas estaban las cajas, ignorantes de mi presencia, aletargando el silencio que las envolvía, allá, sobre los estantes de verde empolvado. Guardianas cansadas de porte arrogante; vigilando inmóviles el tiempo adormilado que amparan, dispuesto siempre a saltar hacia el presente a la primera señal de alarma.

”¡No toques nada!”, me decía la voz de un Aladino imaginario que buscaba conmigo entre las cajas, cuando contemplaba el orden de las cosas y no encontraba en ellas otro criterio que el de la desgana. Examiné los letreros garabateados con tinta vieja y temblorosa sobre los laterales visibles de los cartones, sin apreciar ninguna señal comprensible que me diera el norte de mis cábalas. “Bienvenido al paraíso del ensayo-error” pensé, cabizbajeando los hombros en Sí bemol.

Brillaron en un desfile de instantes olvidados, todos los recuerdos liberados de las cajas que, ennegreciéndome las manos y destilándome nostalgia por todos los poros, fui desempolvando en la búsqueda. Infancias propias y ajenas, tesoros antiguos, tal vez juguetes rotos, volvieron a la luz del ahora, tamizados por la distancia emotiva y el desgaste rotundo del ímpetu de mi vida. Un collar de alhajas, engarzado a medias entre añoranzas y abandonos, que se fue perfilando sobre la penumbra vespertina, que entraba ya sin tapujos hasta el fondo de la sala.

No me empequeñeció el corazón la negrura del cielo, rota en el centro por el candil redondo de la luna, que vistió de noche el exterior, sino el gruñido de los goznes de la puerta que encerraba la barahúnda de polvo y reminiscencias que se quedaba a mis espaldas. Porque me di cuenta de lo leve que es la diferencia entre olvidar y recordar sin gana. Porque sabemos que es un tránsito inexplicable y muy doloroso, el que convierte en trastos viejos lo que antes nos parecieron tesoros.

Todos tenemos un sótano, un desván, en donde apilamos sin orden las filas innumerables de nuestro ejercito mudo de estorbos. Todos llevamos uno a cuestas, siempre lleno. Ahora quisiera saber en el trastero de quién tiembla empolvado mi recuerdo, —quiero decir, mi olvido—, esperando sin fin a que unas manos serenas, una tarde gris de primavera, le levanten el castigo.

Con el último cacharro rescatado de la estantería, subiendo las escaleras del patio que terminan bajo el celindo florecido y oloroso, con la noche palpitando en las esquinas, mi último escalón fue el desconsuelo de recordar tus ojos cuando te enredabas en mi pelo y me llamabas, en voz baja, “mi tesoro”.

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6 comentarios · Escribe aquí tu comentario

destino

destino dijo

magnífico!!
cuando llegúe al último escalón también yo me pregunté si yacería mi olvido en algún rincón o bahúl escondido,
y si el polvo se habrá acordado de vestirlo bien, para no ser recordado o al menos no anhelado como un tesoro...

un beso

6 Junio 2007 | 03:05 AM

now

now dijo

Eso de que me cego el resplando r de la oscuridad todavia lo estoy digiriendo.
Abrazo.

6 Junio 2007 | 05:01 AM

flor_deloto

flor_deloto dijo

Quisiera rescatarme de aquellos desvanes en donde se me olvida y se me abandona bajo una capa de polvo para llevarme a aquella vitrina de cristal en donde se me mira y se me mima .... pero a veces, eso no depende de mi.

6 Junio 2007 | 07:52 AM

instanteca

instanteca dijo

En realidad, a mi no me preocupan los trasteros en los que ya estoy. Lo que me asusta es pensar en los que acabaré estando.

¿A que está bien lo del resplandor de oscuridad? Original, ¿no?

En el fondo espero que el último escalón dé paso a otro tramo de escalera más largo.

Gracias a todos. Besos.

6 Junio 2007 | 04:19 PM

locaporlaluna

locaporlaluna dijo

Irresistible el final, a seguir leyendo
El título le queda escaso a tanto tesoro letrado
¿tesoro dije? ah, ya ves que nos quedó grabado a nosotros también
un besooooo

8 Junio 2007 | 03:25 AM

instanteca

instanteca dijo

A mi también me pareció irrestible, a seguir escribiendo.
Me gustan esos besos que me das, de persona que vuela deprisa. Toma, a ver si te acierto montada en la escoba... muak.

8 Junio 2007 | 01:50 PM

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Sobre mí

Padezco un grave desorden mental degenerativo cuya sintomatología consiste en pasar mucho rato navegando en internet, diseñando páginas web para nadie, recorriendo desconsolado los arrabales del irc o skypeando a deshoras. En fases agudas, escucho canciones de Serrat o investigo trucos matemágicos. Lo más grave es que, en ocasiones, veo vivos.

Así que decidí convertir este lugar en un remanso desesperado destinado a conseguir empatía y simpatía. Un intento biográfico de superar la desoladora sensación de ser único y esperar sin miedo el profundo consuelo de no serlo.

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