Cuento: Tsuki y Fukuro (I)
Érase una vez un hada pequeña y sonriente, de gesto tranquilo y manos nerviosas, que vivía en una casita nueva, tan pequeña como ella, muy cerca de los confines del reino de las Hadas.
Su dulce carácter y su paciencia le facilitaban la relación con el resto de habitantes, de entre los cuales, había muchos a los que podía llamar amigos; aunque, ya se sabe que, serlo, seguramente, eran unos cuantos menos.
Pasaba sus días entretenida con el mundo que le había tocado vivir, y derrochaba su vitalidad, a diestro y siniestro, con todos aquellos que tenían la fortuna de coincidir con ella en algún momento. Le gustaba el trato con los demás y se sentía a gusto entre sus vecinos de existencia. Y estos le demostraban su agrado sonriendo a su paso y llamándola por su nombre, Tsuki.
Sin embargo, las noches, pasaban despacio en la soledad de su cuarto. Sin previo aviso, una tristeza extraña que inundaba sus ojos y la acurrucaba sobre su cama, aparecía como por arte de magia. Y Tsuki daba vueltas a su cabeza, echando de menos a sus amigos, echando de menos la parte del mundo que se perdía, e incluso, a veces, echándose de menos ella misma.
Pero, cuando el sol volvía a brillar en lo alto y metía sus rayos amarillos por entre los cristales de la ventana, todas las sombras desaparecían y la vida se mostraba de nuevo sonriente y agradable como un caramelo de fresa.

