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La Coctelera

Instanteca

Colección de instantes de la vida misma, que traigo desde mi memoría muy fresquitos, recién vividos, con la esperanza de poder alargar su duración o diluir sus efectos.

21 Agosto 2006

Esa verdad, aunque me duela

Me desconsuela tremendamente vivir en este mundo de cuerdos, en el que la verdad se esgrime como una espada. Una espada que corta, rompe y aplasta sin misericordia sueños y corazones. Todo lo que toca acaba por malherirse, si las manos que la guían, deciden, como casi siempre, hacer la vista gorda y mirar a lo lejos.

Muchos se vanagloria de “decir la verdad”, de “hablarte a la cara”. Espero que sepas de que te estoy hablando: de cuando un alguien cualquiera irrumpe en tu espacio, dispuesto a redimirte “por tu bien” o “para que te enteres”, contándote una verdad, que, normalmente, tiene mucho que discutir y que te hace sentirte tan cansado...

Esa gente, no sé exactamente por qué ni para qué, cree que la verdad le otorga un cierto salvoconducto; un permiso especial que les confiere el poder de hacer saltar las alarmas, prenderle fuego a tu vida y sentirse bomberos en acto de servicio.

Y no es que me moleste la verdad, sino el desprecio, el fanatismo. Esa visión única del mundo en dónde no cabe ninguna otra. Esa necesidad de ganar, de tener razón, de emprender batallas y terminar victorioso. Ese pasar con soberbia por encima de sentimientos, insultando inteligencias. Esa forma, en fin, de pisotearnos los unos a los otros, repitiendo cansinamente actitudes ancestrales.

No quiero que me escupan en la cara. Ni siquiera en el hipotético caso de que lo hagan con la verdad. Antes prefiero mil veces que me besen con una mentira y no tener que salir de mi error.

¿Qué me importa que dos y dos sean cuatro, si creer que son cinco me deja una mano libre para dibujar caminos sobre tu vientre? ¿Qué más da que no tengas fiebre si al pensarlo puedo enterrar mis labios entre tus ojos? No necesito saber de quién era el hombro que buscabas ni de donde salieron los versos que me escribiste para recordar que la ternura me visitó.

Para contarme la verdad, no hace falta que me la vomites. Clávame una duda bien adentro y deja que se infecte la herida. Mi dolor te pedirá la verdad a gritos desgarrados. Entonces, sólo entonces, cúrame con ella.

¡Dejadme en paz con tanta verdad! ¿O no véis que no es más que la verdad, que no me importa y que no curará mi locura?

servido por instanteca 2 comentarios compártelo

2 comentarios · Escribe aquí tu comentario

maría

maría dijo

Que hermoso como escribes, me gusta. Son bellas tus palabras, desgarran y acarician.

Un beso que cure tu herida y acune tu alma.

21 Agosto 2006 | 04:03 AM

Mi Ser

Mi Ser dijo

Espero no te moleste, ando hurgando en tu archivo, éste me gustó mucho.
Un beso

15 Julio 2007 | 06:20 AM

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Sobre mí

Padezco un grave desorden mental degenerativo cuya sintomatología consiste en pasar mucho rato navegando en internet, diseñando páginas web para nadie, recorriendo desconsolado los arrabales del irc o skypeando a deshoras. En fases agudas, escucho canciones de Serrat o investigo trucos matemágicos. Lo más grave es que, en ocasiones, veo vivos.

Así que decidí convertir este lugar en un remanso desesperado destinado a conseguir empatía y simpatía. Un intento biográfico de superar la desoladora sensación de ser único y esperar sin miedo el profundo consuelo de no serlo.

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