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La Coctelera

Instanteca

Colección de instantes de la vida misma, que traigo desde mi memoría muy fresquitos, recién vividos, con la esperanza de poder alargar su duración o diluir sus efectos.

Categoría: Relatos

12 Abril 2009

Instanteca

Estas horas parecen espiarme cuando se toman su tiempo para ir resbalando por las pantallas, cuando se toman su tiempo entre palabra y palabra nunca dicha, cuando se toman su tiempo entre reglones consecutivos que apenas expresan círculos de nada para acercarse a los vértices de todo, cuando se toman su tiempo pero nunca su espacio.

Este sillón que me tiene anclado a las puertas de otro mundo me impide a la vez el paso y el retorno, me expulsa y me invita a un paraíso inútil y fosforescente en el que no caben más que dos sentidos, de los que ninguno es el común.

Estas teclas que se hunden en mí, me devuelven de uno en uno los golpes no recibidos, se rebelan altivas ante el peso de unos dedos inseguros y sólo consigo extraer de ellas una retahíla de mudos sinsentidos que apenas duran el tiempo que tardo en existir.

Y por si faltaba algo, por si todo eso fuera poco, por si no fuese ya mi situación suficientemente extraña, él está enfadado conmigo porque ahora cree haberse dado cuenta de que no le sirvo para nada.

Pero yo estoy muy contento de servirle para tanto y sé que le importo. Mirad si no todo el cariño con el que me está diciendo que le estorbo.

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11 Abril 2009

Tarde de vida

Una tarde de sol,
de esas tardes que te sobran,
esas que tienen demasiadas horas
escritas en el reloj,
más que las que caben en las manecillas.

O una tarde de lluvia,
de esas que te encuentran arrugada,
con una esquina del corazón empapada,
desolada y muda,
sin encontrar abierta ninguna sombrilla.

O una tarde de viento,
de esas en las que vuelan las hojas
que tapan las espinas de las rosas
y te llevan lejos,
muy lejos de encontrar alguna salida.

O una tarde cualquiera,
dame cualquier tarde de tu vida,
una que no tengas comprometida,
la última, la primera,
o una que no quieras tener vacía.

Pero dame al menos una tarde,
una tarde alevosa, una tarde liviana,
una tarde mínima, complicada, delirante...
aunque para entonces ya sea tarde
y no suceda ni se diga nada
que no supiéramos mucho antes.

Es lo único que te pido,
que me des una tarde de tu vida,
por si no me concede el destino
una vida en la que darte,
todos los días,
todas las tardes,
lo que yo no te pido.

Tags: tarde, vida

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10 Abril 2009

Ponga un malentendido en su vida

Ponga un malentendido en su vida.
Que yo le dije...
Que usted decía....

Fabrique un amago de infarto,
eche espuma por la boca
y amenace bien en alto
que no quedarán así
las cosas.

Ponga un malentendido en su vida.
Porque usted callaba...
Porque yo creía...

Pero no deje nunca que ese punto
sea punto y aparte, sino seguido.
O mejor todavía,
antes de que acabe el día,
tienda puntos suspensivos.

Ponga un malentendido en su vida.
Que yo no pensaba...
Que usted no sabía...

Deshaga con mucho cuidado ese nudo
que sólo tardó un minuto en anudarse.
porque todos, hasta el amor incluso,
para saltar a los brazos más amantes
necesitamos tomar impulso
y hacer cabriolas en el aire.

Ponga en su vida un malentendido.
Porque yo la quiero como siempre
y porque usted aún me quiere
como nadie me ha querido...

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1 Abril 2009

Moscas

Hay una mosca paseando por mi pantalla. Peluda, oscura, como una sombra fantasmagórica que se proyecta en esta claridad de neón. Debió entrar en un descuido del azar, cuando las cintas de la cortina que hay en la puerta se abrieron al viento.

¡Menudo argumento para escribir! Ya sé que te decepciona un poco. Pero es que, al mismo tiempo, me sugiere metáforas difíciles de expresar cuando me meto en su vuelo aleatorio, en su búsqueda irracional de destino electrónico.

Parece perdida en un laberinto de letras. Va y viene, zumba, se para. Visita muchas veces el mismo sitio y no hace más que pasar por delante de la pantalla. ¿Estará leyendo lo que escribo? ¿Sabrá que la sigo con la mirada?

Tal vez Kafka podría opinar mejor que yo sobre el asunto, pero el caso es que me pregunto si no hago yo lo mismo, si no lo hacemos todos, si no encontrar lo que se busca es la mejor razón para seguir vivo.

Y porque, aunque la vida a veces nos parezca una mierda, siempre le andamos dando vueltas para que nos haga un hueco y nos deje descansar en ella antes de levantar el vuelo.

Mejores cabezas que la mía ya se fijaron en las moscas y en esta segunda inocencia revoltosa e inútil en sí misma. Mejores corazones diseñaron laberintos más oscuros, mejores vidas buscaron la salida y no la pudieron encontrar.

Y ahora que ya no quiero ser gusano ni abeja, ahora que entiendo que no puedo ser mariposa ni libélula, me alegra ser mosca al menos e ir visitando, como un puntero, las cosas pequeñas del mundo, para fijarte en ellas. Entonces, casi sin pensarlo, me ajusto las gafas, despliego las teclas de mis alas y me pongo a revolotear.

Fíjate bien. Hay una mosca paseando por tu pantalla. Peluda, oscura, como una sombra fantasmagórica que se proyecta en esta claridad de neón. Te debió entrar en un descuido, cuando, y sólo durante un momento, dejaste abierta una rendija de tu ventana. ¿La estarás siguiendo, como yo te sigo, con la mirada?

Puede que aún te decepcione un poco, pero para una noche sin fantasmas, me parece un buen argumento. ¡Ainss! Pero ya sabes qué me pasa. Que me entretengo.

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31 Marzo 2009

Dulce y amargo

Calculé mal la fuerza y, en el primer intento, sólo pude rozarle una esquina. Me supo a poco esa eléctrica descarga de adrenalina, esa fina textura que se me deshizo en un juego de sensaciones contrapuestas.

Me remordieron entonces las ganas de probarla más adentro, de tocar su superficie fina y sedosa, de invadir su morfología perfecta. Sentí crecer un amago de concupiscencia con el que encerrar entre mis dedos su más vaporosa esencia desconocida.

Así que entreabrí los labios un poco y ella quiso asomarse, aún vestida de extraña. Su olor levantó cielos de aire nuevo, su tacto mareas de espuma lejana, su cercanía un anhelo de abriles que disolvieran las distancias.

Ni siquiera hizo falta apretar los dientes cuando, por fin, su corazón frágil se me deshizo en la boca. Entonces sentí cómo me explotaba en la lengua, cómo se deslizaba hasta la garganta y esa dulce caricia de labios a punto de apretarse.

Dulce y amargo son los sabores de la vida y ella me los ha grabado en el paladar, aunque apenas he empezado a tocar su superficie íntima. Pero, en su resistencia terrosa a la saliva, he encontrado todas las puertas secretas que llevan de la euforia más intensa hasta lo incontenible de la melancolía de que su sabor me llegue y se me extinga a todas horas.

¿Y sabes? Dirás que estoy loco, sí, pero sentí como si ella viniera por su gusto, como si hubiera estado esperando el momento de derretirse en mi boca.

Aunque ya sé que, una pastilla de chocolate amargo, no puede tener voluntad propia.

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29 Marzo 2009

Una hora menos

Un capítulo de un libro interesante,
un paseo por el parque
bajo la luz de la luna,
un metro cuadrado relleno
de cuatro litros de lluvia.
La mansedumbre de los olivos
en cien kilómetros de autovía,
un viaje imprevisto a la playa,
el atasco a la vuelta de la oficina,
el final de una película,
dos cervezas con sus tapas
o una charla entretenida
con alguien en la distancia.

Un episodio de House,
una partida de ajedrez,
una cena, un almuerzo,
otra cita en un andén
mientras tú tomas manzanilla
y yo un té al caramelo.

Una ración de insomnio,
a solas, con Morfeo,
o un sueño suave y húmedo
que me reviente de deseo,
sesenta besos redondos
a una mujer desnuda y en lo oscuro
después de un enredo en el sofá
que despierte el placer y la intimidad
de explorar lo más profundo.

Todo esto y mucho más,
que no digo por prudencia,
por olvido, por desconocimiento
y por que no me cabe
en este poema,
es lo que puedo perderme
en esta hora de vida
que me quitan esta noche
al adelantar las manecillas.

Sin embargo no me quejo,
tengo razones para estar alegre.
Porque sé que todas las cosas
que tarde o temprano se pierden
traen de la mano otros quehaceres,
otras historias, otros sueños.

Y porque sé que, para verte,
ahora queda una hora menos.

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28 Marzo 2009

Por debajo de la mesa

Puede ocurrir
que, una tarde cualquiera,
en algún lugar impropio
para cuestiones de tal naturaleza,
la vida te sorprenda,
como siempre,
como a todos,
mientras sientes cómo resbala,
tenuemente,
su mano por tu pierna.

Entonces te concentras
en no moverte,
en respirar suavemente,
en vivir a cámara lenta.
Como si no quisieras
que un mal latido,
que una sístole demasiado fuerte,
asuste a ese roce de la suerte
y lo haga huir a la carrera.

Y notas cómo,
apenas en un segundo,
el mundo entero vibra, aletea
y se posa dulcemente en tu muslo.
Es una calidez que se transmite
como un temblor infinito,
en una profunda descarga,
con un estático escalofrío
que sube por la espalda
y detiene los pensamientos
y congela las palabras.

También puede ocurrir
que, una tarde cualquiera,
en algún lugar impropio
para la primavera,
la vida te sorprenda,
como siempre,
como a todos,
y que ella retire su mano
lentamente.

Y que, aún así,
vuelvas a casa con la sonrisa puesta,
como un estúpido, como un tonto
que se acaba de dar cuenta
que, la ternura que vino de ti,
esperaba correspondencia
en el mismo lugar impropio,
por debajo de la misma mesa.

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27 Marzo 2009

Combustible

Se enciende la luz amarilla, parpadeando primero, como una mariposa esquiva que no sabe si volar. Al poco tiempo se queda fija, perdida, con un destello imperioso de problemas que se acercan.

Entonces uno se siente intranquilo, se remueve en el asiento con cada paso de la procesión de hormigas que salen de todos los huecos. El volante se endurece, se retuerce en las manos y se borran del mapa todos los destinos.

Todas las carreteras que uno percibe parecen cruzarse en el mismo sitio y se forma un nudo de comunicaciones en el motor cuando ya no sabes si pisar el acelerador o el freno. Si mantener la velocidad o pararte. O volver atrás, deshacer el camino y olvidar el viaje.

Entonces llega, se ven por fin en el arcén las rayas discontinuas que te dan un respiro y te lo anuncia un cartel con bordes anaranjados. Paras en la ventanilla, suspiras aliviado por encontrarla a estas horas que no son las suyas y cuando le tocas al cristal te da lo que necesitas.

Con el depósito lleno, todo parece empezar de nuevo, todo vuelve a estar bien, porque las palabras son combustible. Y yo consumo muy poco. Cuatro “te quieros” a los cien.

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Sobre mí

Padezco un grave desorden mental degenerativo cuya sintomatología consiste en pasar mucho rato navegando en internet, diseñando páginas web para nadie, recorriendo desconsolado los arrabales del irc o skypeando a deshoras. En fases agudas, escucho canciones de Serrat o investigo trucos matemágicos. Lo más grave es que, en ocasiones, veo vivos.

Así que decidí convertir este lugar en un remanso desesperado destinado a conseguir empatía y simpatía. Un intento biográfico de superar la desoladora sensación de ser único y esperar sin miedo el profundo consuelo de no serlo.

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