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La Coctelera

Instanteca

Colección de instantes de la vida misma, que traigo desde mi memoría muy fresquitos, recién vividos, con la esperanza de poder alargar su duración o diluir sus efectos.

Categoría: Canciones

27 Abril 2009

Prontuario (II)

GIRALUNAS

Las cosas que más nos gustan
son las que menos hacemos.
Debe ser por eso
que tanto nos gustan,
por lo poco que duran,
por la emoción de la víspera,
por la fuerza del deseo.
Así pasamos la vida,
del insomnio al desvelo.

Cuando los sueños se cumplan,
cerraremos los ojos
y quizás durmamos.
Pero para estar bien despiertos
hace falta incumplir sueños mejores,
porque todo siempre es búsqueda
y porque se sueña con giralunas
cuando se duerme con girasoles.

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27 Abril 2009

Prontuario (I)

DIETA

Porque la vida consiste,
sobre todo,
en equivocarse primero,
reírse después
y hacer luego
de cada fallo
un acierto,
me propuse estar delgado.

Así puedo ir más descuidado,
porque ya no habrá modo
de que pueda cometer
ningún error gordo.

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26 Abril 2009

Parada doce

A estas horas de la tarde, cuando la vida se toma un respiro y se queda quieta en el patio, suelo sentarme a solas, bajo el resguardo del níspero.

El sol está demasiado ácido, ya lo he intentado, porque se acumula su tibieza sobre la piel y me enreda en estados letárgicos que me llevan demasiado lejos para saber volver. Porque el calor empuja hacia arriba el deseo, porque la soledad arrastra la melancolía, porque la luz cierra los ojos hasta la imaginación.

Por eso prefiero sentarme a la sombra, en este rincón del patio tantas veces visto, y sentir el dedo de la brisa que me recorre entero diciéndome con su gesto imprevisible que me despierte, que no me quede dormido.

Me noto triste, apagado, deambulando sin consuelo por las horas del día. Apenas me salvan los quehaceres cotidianos y las rutinas largamente adquiridas de este cabizbajeo atónito que me tiene ensimismado.

Me pesan los dedos cuando no escribo y, sin embargo, al arrastrarlos por las teclas, los noto cansados, mecánicos, desesperanzados. Supongo que aún me siguen porque saben que, aunque no escribo para ti, escribo para poder estar contigo. Pero ya no saben ignorar que nunca estás al mismo tiempo ni en el mismo sitio que ellos en este doloroso transcurso asíncrono en el que se acaba convirtiendo la literatura.

O porque el doce siempre es un tránsito, una frontera invisible que separa los años y los días, unos de otros y de sí mismos. Los parte en rebanadas, en trozos de una tarta que hay que apurar para alimentar de recuerdos al olvido.

Doce días quedan, un año pequeño, un año minúsculo que invita a una parada. Una parada para vaciarme de tristeza en este texto, aunque le sobre el principio, como a casi todo lo que hago y lo que escribo. Para vaciarme de esta tristeza y poder volver pronto a estar contento. Porque quiero llenar estos doce días de canciones y poesía o, por lo menos, hacer el intento.

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25 Abril 2009

Encargo

Decidle al fin, sea cual sea,
que no lo quiero, que no venga.
Y si viene, al fin,
decidle que no lo espero
aunque lo parezca.
Y si al fin lo esperaba,
decidle que se vaya,
que las cosas que no empiezan,
nunca acaban.

Decid a los recuerdos, sean los que sean,
que no los quiero, que no vengan.
Y si vienen, al fin,
decidles que no deseo
que aparezcan.
Y si al fin los deseaba,
decidles que se vayan,
que con esta ausencia infinita
me sobra y me basta.

Decidle al amor, sea quien sea,
que no lo quiero, que no venga.
Y si viene al fin,
decidle que no deseo
que aparezca.
Y si al fin lo deseaba...
¡Silencio! ¡No le digáis nada!
Pero llamadme cobarde a mí
si dejo que el amor se vaya.

Pero si dejo que el amor se vaya
decidle a los recuerdos sin fin,
que no nos dejen en paz
y decidle sin fin al final,
que se nos clave por la espalda.
Y preguntadle por mí,
al amor que vino,
que para qué quiso entonces venir
si no esperaba quedarse aquí,
conmigo.

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24 Abril 2009

¡Qué calor!

Hace calor en lo sueños. Aunque sucedan en invierno, siempre anticipan temperaturas de primavera. Porque se abrigan del frío que haya alrededor y elevan los grados de las manos y acolchan los latidos insomnes hasta ir entibiando la irresistible caída libre de los párpados hacia la noche.

En mis sueños hace mucho calor y cuando, al cabo, me levanto y me visto sin mirar el color que tenga el cielo, salgo buscando, en todos los ojos que miro, los ojos de un sueño. Mientras tanto voy pensando, escondido tras lo oscuro de las gafas, en mis asuntos, en mis complejos, en este calor que tengo, hasta tropezarme en una esquina con un “¡qué fresco!” que alguien diga, distraídamente, como si no quisiera decir nada o como si quisiera decirlo siempre.

Por más que después siga andando, deambulando y sonambulando por las horas del día, a todos les parece que continúo dormido... ¡Pero qué va! Es precisamente entonces cuando por fin me desvelo, con la firme intención, eso sí, de continuar soñando despierto.

Incluso ahora que escribo, ahora mismo, en estos bordes que comparten el insomnio y la vigilia, no puedo dejar de pensar ni un instante en este calor ni en este sueño. ¡Qué calor, qué calor, qué calor que tengo!

Y lo peor es que este calor no se sofoca con agua. Sólo se quita ardiendo.

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23 Abril 2009

Leer un libro

Andaba en otros aires, volando bajo, pero sin tocar el suelo, con Alberti en la mesilla. Un ansia de mar solitaria le llevaba cada vez más adentro de sí mismo. No encontraba el rumbo como marinero en tierra.

Cuando quiso darse cuenta, ya la tenía dentro. No se supo percatar del asunto hasta que había pasado mucho tiempo y aún entonces dudó una temporada. Leía entonces como empedernido juanramoniano, todo verso endeble que caía en sus manos. Pero entre piedra y cielo, no quiso tocar la rosa.

Amor y literatura corrieron después de la mano de un Cernuda más partidario de lo imposible, de vivir sin estar viviendo, de escribir poemas para un cuerpo separado de la cabeza, que de los ojos centinelas.

Pero para cuando leyó el Aleph, ya estaba perdido en el laberinto, viviendo en la casa de Asterión, como en un cuento fantástico de Darío. Por Ende, atrapado en la prisión de la libertad. Y parecía que nunca iba a llegar al diván del Tamarit que Lorca le había prometido.

A pesar de todo y de Emilio Pascual, el fantasma anidó bajo el alero y no hubo modo de no notar su presencia en todas las horas fosforescentes del insomnio. “Se lee lo que se quiere leer”, se dijo, “como se escucha la misma canción concreta hasta que la vida hace coincidir sus metáforas con la letra”.

Ahora, tras el desconcierto, cuando se piensa con la claridad que da un final predecible pero imprevisible... ¿Hacia dónde ir? Y no sin miedo, ha encargado en la librería mujeres de ojos grandes, de Ángeles Mastretta. Porque se lee lo que se quiere leer. Quizás, precisamente, lo que se desea.

Y hoy es un buen día para que todos sepan que leer un libro es pedirle un deseo al pie de la letra.

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21 Abril 2009

Kilómetros

Los kilómetros nos rodean. Vamos y venimos en ellos, los recorremos siempre a lo largo, con la cabeza llena de preguntas, con las manos pendientes de las rayas, con los ojos más allá de donde alcanza la vista.

Creemos dominarlos, tenerlos a nuestros pies, reconocer el trayecto. Pero son ellos los que nos conducen a todas partes, a cualquier parte, los que componen los caminos que siempre nos traen de vuelta a los mismos sitios, a las mismas personas, a los mismos espacios que antes creímos haber dejado atrás.

Todos los kilómetros tienen nombre. Nombres propios que nos recuerdan la soledad adormecida de la piedra, la formación estática de los olivos, el distinto color de cada tierra, los olores de otras lluvias. Tienen nombres conocidos o ignorados. Nombres invisibles, nombres ilegibles o nombres imposibles de recordar.

Los kilómetros pronuncian todas las sílabas del cariño, todos los recuerdos de la infancia, los laberintos del deber. Prorrumpen en sus silencios el miedo a no llegar, la prisa por entender las distancias, la emoción de los abrazos prometidos. Llevan los nombres del amor y los del dolor, los nombres que llevamos escritos con mayúscula en un doblez del corazón. Y hasta nos dejan nombres que no dicen mucho más que la frialdad de una cifra.

No importa cuántas veces se atraviesen en nuestro camino, pero cada paso, cada kilómetro, tiene un nombre distinto, cada vez, según a quién nos lleva, según con quién se recorre.

Los días en cambio, los días, tienen todos tu nombre. Y las noches, también.

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20 Abril 2009

Equipaje

La tristeza de anochecer lloviendo
y la alegría de las ventanas abiertas,
el recuadro inmóvil de mirar a lo lejos,
el rojo insomne de las pupilas atentas,
la fila de hormigas que se llevan trocitos de alma,
el tacto adictivo y perverso de las teclas,
las horas que pasan de puntillas,
la música que amansa las fieras,
el ruido insoportable del ordenador,
los desvelos, los instantes, las primaveras,
el pudor de uno mismo, el olvido propio,
el cariño sobrevenido de manos ajenas,
todos los nombres extraños del azar
y el orden inexplicable de sus caprichos,
este silencio que me mira de reojo,
todos los cuentos de princesas,
las noches que pasaron como suspiros
y las otras en que siempre cupo una espera,
la nieve que vino a quedarse en los dedos,
la mitad vacía de todas las botellas,
el espejo del corazón y el corazón del espejo,
la prosa, el verso, las canciones, los poemas,
todo el aire que suspiro para no decir tu nombre,
el nombre que suspiro cuando me falta el aire,
los labios que me leyeron, los ojos que me miraron,
todos las manos que no podrán encontrarme,
todos los labios que no me pronunciarán,
las cosas que me quedan por decir y las que nunca diré,
las cosquillas de cada complicidad,
la emoción y la magia de las palabras,
los apodos, las direcciones y las contraseñas,
el patio, el limonero, el sillón,
un par de mudas, alguna canción,
todo lo que he soñado por ti
y tú.

Así llevo la meticulosa tarea
de hacer el equipaje que aún no está completo,
intentando acomodarlo en estos versos
que empiezan como ordenado poema
y acaban en este revoltijo de poesía.
Aunque las palabras lleguen arrugadas,
no quiero que se me olvide nada,
porque el viaje que espera diecinueve días
puede durar otras mil y una noches
o una sola madrugada.

EL ALBA DEL ALHELÍ
Todo lo que por ti vi
-la estrella sobre el aprisco,
el carro estival del heno
y alba del ahelí-
si me miras, para ti.
La que gustaste por mí
-la azúcar del malvavisco,
la menta del mar sereno
y el humo azul del benjuí-
si me miras, para ti.
(Rafael Alberti)

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Sobre mí

Padezco un grave desorden mental degenerativo cuya sintomatología consiste en pasar mucho rato navegando en internet, diseñando páginas web para nadie, recorriendo desconsolado los arrabales del irc o skypeando a deshoras. En fases agudas, escucho canciones de Serrat o investigo trucos matemágicos. Lo más grave es que, en ocasiones, veo vivos.

Así que decidí convertir este lugar en un remanso desesperado destinado a conseguir empatía y simpatía. Un intento biográfico de superar la desoladora sensación de ser único y esperar sin miedo el profundo consuelo de no serlo.

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